Micah P. Hinson

Cuando tu santísima trinidad son valium, codeína y demerol de nada sirve que tu familia sea ultrarreligiosa ni que tu nombre en hebreo signifique “el que está hecho a imagen y semejanza de Dios”. Aunque quizá Micah P. Hinson sí le deba a su tortuoso e intenso pasado la capacidad de relatar crudas y complejas historias de vida y muerte, dolor y sanación, resurrección y vuelta a los infiernos sin haber cumplido 30 años.

Cuando hace casi un lustro entras en una sala de cine un domingo por la tarde y escuchas -o más bien intuyes- Patience dentro de la banda sonora descubres que este cantautor texano puede convertirse en tu ‘dios de las pequeñas cosas’. Porque cuando cinco años después te encuentras frente a él en la tercera fila de un auditorio repleto de almas curiosas y ansiosas por verlo en acción en tu propia ciudad -a orillas del Pisuerga, tan lejos de Memphis-, y te sientes atrapado por su influjo nuevamente, el círculo se cierra.

Hay algo en la sórdida fragilidad de Micah P. Hinson que te engancha. Quizá sea su titubeante paso nada más salir al escenario, tal vez el hecho de que no abra, tímidamente, los ojos hasta el final de la segunda canción. No lo sé. Contemplarlo es como observar las gotas de rocío que tiemblan al alba en una tela de araña. Estás tan pendiente de si la gota caerá o no que cuando quieres darte cuenta la araña ya te ha cubierto medio cuerpo y se relame al saberte su desayuno. Él nos tomó para cenar. Dudo que fuéramos su primer plato. El brick de zumo de naranja con el que salió a escena me hizo sospechar que su lesión lumbar crónica no era la única responsable de que diera tumbos entre el amplificador y el micro durante más de diez minutos. Y luego desapareció. No hubo cantante, ni banda -unos muy solventes Tachenko- ni esposa a los teclados. Llega un momento en que sólo estás tú y lo que lleves dentro de ti.

Este oscuro predicador rumia las palabras, pero rasga las cuerdas de su guitarra como un francotirador descerraja un disparo sobre su desprevenida presa. Hinson carga sus guitarras bajo el sobaco, como un arma. Como la pistola que ilustra la portada de su último trabajo And the pioneer saboteurs, como la canción que lo abre A call to arms. Y uno a uno, tema tras tema, vamos cayendo. Irremediablemente y sin saber hacia dónde ni para qué. Sin velocidad, con una triste mueca que alguna vez fue una sonrisa. Como cuando los días eran eternos y sólo nos preocupaba que no se hiciera de noche para no tener que regresar y dejar de jugar.

Pero está el amor. Y nos salvará. Como hizo con él. Y se besan al terminar de cantar a dúo Beneath the rose. Y él explica por qué aceptó que incluyeran Don’t you forget en un anuncio y parece que se va, pero regresa y grita Patience y te agarras a su voz y vuelves a dar vueltas y vueltas otra vez, como aquella lavadora de la película y aquel niño que no quería morir.

Anuncios

Un comentario en “Micah P. Hinson

  1. Pingback: Micah P. Hinson & The Junior Arts Collective « mantaypeli | blog cultural

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s