Love of lesbian

Un año puede durar 365 días, uno más si es bisiesto. Aquel no lo era y éste, tampoco, pero gracias a Love of lesbian 1999 ha vuelto a ser el año de nuestras vidas. Para unos quizá una noche, otros cuatro días. Hay quien los ha seguido por toda la geografía patria durante más de dos años de gira, porque los catalanes estaban en todos los carteles de todos los festivales de verano, de otoño, de invierno… Nosotros los vimos en invierno.

No era una noche especialmente fría la que vivimos el pasado 5 de febrero en la capital de España. Cuarto, y último, concierto del hiperpublicitado fin de gira de los chicos de Santi Balmes en la sala Joy Eslava. Lleno hasta la bandera. Los cuatro días, El último concierto. Nosotros fuimos los primeros. Por eso esta noche será especial, decía Santi al empezar. Porque fuimos los primeros en comprar las entradas. Por eso tocó Amaral. Era quien mi chica quería ver sobre el escenario con ellos. Antes habíamos visto a Eva caminar hacia Callao a media tarde. ¿Premonición? A veces, los deseos se cumplen. Esa noche se cumplieron los nuestros y los de ellos. Por eso acabaron llorando. Porque no querían que el sueño terminara. Pese a que nunca termina. Siempre espera otra ciudad. Otra noche. Otro lleno. Pero no será igual.

Porque por muchos 1999 que hayamos vivido ninguno fue como el de la Joy. Esclavos de su público los catalanes -qué ironía- salieron a hombros de Madrid. Todos coreábamos sus temas del primero al último. No sobró nada. Nos faltó noche para seguir cantando. Bailando. Dando palmas. Cuando ya no podían más empezamos a corear Shiwa, pero no volvieron. Imagino el subidón del concierto mezclado con la emoción de la despedida una vez en el camerino. Cuatro llenos seguidos. Lágrimas, recuerdos.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Joy Eslava . Madrid (05/02/2011)

En una ocasión dos personas subieron a un taxi y, al bajar, cada uno siguió su camino. Otra vez fuimos allí donde solíamos gritar, pero la emoción nos cortó el aliento. Fueron a romper las ventanas y salimos con el corazón hecho añicos. Nos reconocimos en sus ganas de agradar, en su verdad ante una sala entregada. Y sonaron las campanadas. Yo pedí un deseo secreto antes de besarla, antes nos habíamos agarrado los dedos en la oscuridad cómplice de la sala. Nos besamos.

Se cumplirá, lo sé. Cuando las cosas son de verdad nunca acaban mal.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s