Bruce Springsteen – Wrecking ball

El abanderado de los desesperanzados. Redentor de la clase trabajadora estadounidense, pero con una pléyade de seguidores por todo el mundo que convierten sus composiciones en himnos generacionales. El retorno del Jefe, The Boss, Bruce, Springsteen es un acontecimiento mundial. Su 17º álbum Wrecking ball, que se publica el 6 de marzo, no es una excepción. Las críticas a este disco están prohibidas por Columbia Records hasta el 27 de febrero. Pero en una reciente presentación del mismo que el propio Springsteen realizó en París -y que tenéis en el vídeo que acomapaña estas líneas- ya se han ido desgranando sus principales líneas conceptuales.

Estamos ante una colección de canciones que en su mayor parte se gestaron entre 2008 y 2010 y que surgen como reacción a la crisis económica que el fiasco de Lehman Brothers originó en EEUU. Debido a que esos efectos han tardado un par de años en arrastrar a la mayor parte del orbe se puede decir que la temática del disco está de plena actualidad. Sí, ya sé. La gente está harta de que les hablen de la crisis. Nadie quiere que le recuerden lo desgraciada que es su existencia una y otra vez… ¿Pero si se lo cantan? Quizá si se lo cantan la cosa cambia. O eso es lo que debió pensar el Jefe y su E Street Band para embarcarse en este álbum que, volvemos al término concepto, no aporta nada nuevo en la trayectoria del de New Jersey. Excepto por un pequeño detalle. Springsteen quiere utilizar su música para sanar. Tanto a sí mismo y los suyos, por la pérdida de su amigo y compañero de fatigas -el saxofonista Clarence Clemons-, como a todos los desheredados del american way of life (sin casa, sin trabajo…).

Si Bruce fue un osado cuando se decidió en 1995 a musicar las desventuras del protagonista de la novela Las uvas de la ira, de Steinbeck en su undécimo álbum The ghost of Tom Joad, trató de insuflar ánimo a todo un país sacudido por los atentados del 11-s en The Rising y no lo dudó cuando decidió irse de juerga folk con Pete Seeger y sus colegas en We shall overcome en 2006, ahora este Wrecking ball -una suerte de pastiche de los tres anteriores- pretende servir de acicate para que todo un país se regenere. Se levante de las ruinas, simbolizadas en la bola que oscila en la grúa de demolición que da título al disco, a las que le arrastraron las subprimes. Un derrumbe que para la sociedad yanki (y no tan yanki) ha resultado ser mucho más devastador que el de las Torres Gemelas.

Todas las clases sociales se encuentran reflejadas en este Wrecking ball que promete más de lo que da. El primer acierto ha sido elegir el tema que abre fuego We take care of our own como single presentación. Si no es la mejor canción de las once que componen el álbum poco le falta. El disco está producido por Ron Aniello y Tommy Morello (el anfetamínico guitarrista de Rage Against The Machine y Audioslave ahora transmutado en productor de toda una leyenda).

Portada álbum Wrecking ball

  1. We Take Care of Our Own – Nuevo himno generacional. Precisamente para la generación sin himnos ni banderas. Más allá de las propias. Un canto a la solidaridad y la esperanza desde la desesperanza.
  2. Easy Money – Folk irlandés mezclado con guitarras eléctricas y coros de gospel. Crítica al dinero fácil, los traders, brokers y la cultura del pelotazo. Sí, en EEUU también tienen de eso.
  3. Shackled and Drawn – Más aire gospel y más denuncia social. Encadenados a un trabajo y desplumados. Así se despierta cada mañana toda una sociedad. Y sí, The Boss sigue hablando de EEUU.
  4. Jack of All Trades – Canción fronteriza. Atmósfera sureña a ritmo de ranchera para el primer medio tiempo del disco. El ciudadano como comodín de todas las compra-ventas. Mercancía caducada y depreciada en cada transacción.
  5. Death to My Hometown – Irish pipe, potente batería, coros y estribillo pegadizo. Engancha desde el primer acorde. Áspera carga de profundidad contra el sistema establecido, las injusticias y desigualdades y el resquebrajamiento de su patria. La misma fuerza interior que le hizo cantar orgulloso que había nacido en esa tierra ahora se vuelve rabia.
  6. This Depression – Otro medio tiempo con coros de fondo para darle dramatismo. La canción más floja del álbum.
  7. Wrecking Ball – Engañoso arranque folkie que evoluciona a una especie de plagio melódico del Graceland de Paul Simon. Menos contundente de lo que su título anticipa y ligeramente decepcionante, sobre todo en la sección de metales. El álbum se desinfla cuando debería coger altura.
  8. You’ve Got It – Rock and roll de factura clásica. Buena producción de guitarras y percusión. Otra canción que parece de relleno y aventura la cuesta abajo.
  9. Rocky Ground – Una voz femenina introduce este himno mesiánico con la voz del Jefe erigiéndose en completa protagonista. Poco tipos saben emocionarte tanto con tan poco. No está a la altura del arranque del disco, pero es mucho mejor que sus tres predecesoras. El rap del tramo final a buen seguro no gustará a los puristas, pero Bruce es un hombre de su tiempo y no desentona en absoluto.
  10. Land of Hope and Dreams – Idéntico arranque que la anterior, ahora con voz masculina y coro gospel. Los seguidores de Springsteen conocen de sobra este tema, que ya es un clásico en sus conciertos y no estaba incluido en ningún álbum. Lo más emocionante es escuchar el inconfundible saxo del desaparecido Clarence Clemons en el último tercio de la canción. Es poco, pero sirve para redimir el álbum en su tramo final.
  11. We Are Alive – Crujidos de aguja sobre vinilo en el inicio de la canción que cierra el disco. La luz vuelve a brillar en la tierra de las oportunidades, donde los sueños y las esperanzas florecen cada mañana. Un banjo y el aroma del whiskey envejecido en barrica de roble compite con un violín y una trompeta que saben y huelen a sal, limón y tequila. Dad palmas que esto se acaba. Estamos jodidos, pero las penas con música lo son menos. ¿O no?
  12. *Swallowed Up (In The Belly Of The Whale) (iTunes Bonus Track) – Desaparecidos del mundo. Engullidos por la bestia. El Jefe masca las palabras en el arranque de esta primera propina. Ténebre y sombría. Suena a outtake de sesiones anteriores. Continúa el aire mesiánico en los coros que la cierran.
  13. *American Land (iTunes Bonus Track) – ¿Os acordáis de ese aire irish, como de borrachos, pintas y tabernas en las que se entona Molly Malone? ¿Sí? Pues eso, en plan yanki, es American Land. Perfecta para un estadio abarrotado en el descanso de la Superbowl… O para canturrearla borracho en una taberna irlandesa. Deja un agradable regusto tras un disco tan irregular.

*Actualizadas el 27 de febrero de 2012

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