Intocable

Intocable

Hay ocasiones en la vida en las que uno se siente como tocado por los dioses. Ungido y lleno -en este caso, literalmente- de gracia. Algo parecido a la magia o aún mejor, a la infancia. Esos instantes que mientras se viven parecen interminables y que, una vez pasados por el amable tamiz de la memoria, son eternos. Pocas veces sucede de verdad algo así en un mundo tan necesariamente artificial como el del cine, pero cuando ocurre la sensación que deja en la retina -y en las entrañas- del espectador es imborrable. Intocable es una de esas películas que te reconcilian con la vida y con la naturaleza humana. Una comedia amarga -o un avieso drama social- que bordea muchos límites con la pericia de un funambulista y que sale airosa de todas sus piruetas narrativas sin apenas un leve rasguño.

Un filme que no sería posible sin tres elementos fundamentales: sus actores protagonistas François Cluzet (Philippe) y Omar Sy (Driss); así como el músico italiano Ludovico Einaudi, responsable de la mayor parte de la ecléctica banda sonora, que enfatiza con sus composiciones la emoción que acompaña el visionado de este vitalista canto a la amistad. Una película gestada durante más de un lustro por sus guionistas y directores Olivier Nakache y Eric Toledano, quienes se engancharon a la historia (real) que el aristócrata francés Philippe Pozzo Di Borgo relata en sus dos libros: El nuevo aliento y El demonio de la guarda, y que ahora Anagrama se ha apresurado a reunir, con muy buen ojo, en una sola edición. Por un lado, la pérdida de su esposa, Béatrice, y por otro, su relación de dependencia con su cuidador, Abdel. Dependencia no sólo física sino también emocional y personal. Porque Philippe está postrado en una silla de ruedas debido a un accidente. Pero también se ha rendido tras haberlo perdido todo. Inmensamente rico, pero vacío.

La muerte como irónico motor de vida, de una nueva vida, es el detonante de todo lo que esta película nos cuenta y también nos sugiere de un modo muy sutil e inteligente. Quizá la película no pretenda en su metraje plasmar todo lo que este cronista narra, pero lo consigue. Quizá sus actores sólo quieran realizar una interpretación convincente (Cluzet siempre lo es), pero logran más. Consiguen llegarte dentro. Accionar esos resortes que activan otros mecanismos que creíamos oxidados, inútiles, empero siguen en funcionamiento. Y te tocan. Y dejas de permancer aislado de la realidad que te rodea y te aterra. Y lloras. Y te liberas. Y te reencuentras con el misterio de la vida, con la certeza de la muerte, con la alegría del amor y con el calor de la amistad.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s