Juego de tronos

Todos somos (o queremos ser) un Stark. Cabalgar a lomos de un lobo huargo por los bosques de Invernalia o enfrentarnos día tras día contra los Lannister -arrogantes señoritingos- sin temer en ningún momento por nuestra propia vida. Conservar a nuestra familia inquebrantable siempre a nuestro lado. Ser honrados, fieles, nobles. Aunque quizá algo oscos, eso sí. Sin embargo, algunos se ven a sí mismos tercos y arrojados como un Baratheon, otros ambivalentes como un Greyjoy e incluso, otros pocos, los hay que se imaginan investidos del valor y la sed de venganza de los Targaryen. Porque hay un poco de cada uno de nosotros en todas las familias que pueblan el universo imaginario que George R. R. Martin ideó en su saga Canción de hielo y fuego. Ésta es su gran virtud.

Fondo de pantalla - Casa Stark

Juego de Tronos infografíaHan corrido casi tantos ríos de tinta en torno a esta serie de novelas ¿fantásticas? como sangre han tragado las alcantarillas de Desembarco del Rey. Escribir una línea más sobre este gigantesco árbol genealógico, una suerte de secuoya de la condición humana, puede incluso resultar un ultraje para sus fanáticos seguidores. Máxime cuando uno se aproxima a esta magna obra no con los ojos del fiel lector, sino con los del espectador ocasional -aunque devoto- de la magnífica serie de televisión que factura de forma impecable el canal HBO y que, coincidiendo con este inicio del mes de abril, ha estrenado segunda temporada. Como escribía hace muchos años Maruja Torres tras asistir al estreno de El Padrino III -y entiéndase la licencia- “Cuanta más gente conozco, mejor me caen los Corleone“. A mí me sucede lo mismo a medida que voy adentrándome en la personalidad de mis personajes favoritos de esta saga de sagas.

Todo parece estar medido a la perfección para que el lector/espectador se enganche a uno o dos integrantes de alguno de los linajes y haga suyos dichos, actitudes, así como modos de afrontar situaciones en la vida. Canción de hielo y fuego es, además de un magnífico viaje iniciático a la lectura adolescente, comparable a El señor de los anillos, un interesante manual de supervivencia en este mundo actual cada vez más frío y poblado por arribistas, conspiradores, eunucos y, cómo no, caminantes blancos (los otros).

Mis preferidos, lo confieso, son los más desfavorecidos -¿no lo son siempre?- Tyrion, Arya y Bran. Aunque cada uno por un motivo diferente, he de reconocer que Bran Stark es mi favorito de esa terna. Podría enumerar otro interminable listado de motivos para justificarlo, pero sólo aduciré uno. Su lobo huargo se llama Verano.

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