La otra cara de Londres 2012

Raquel Luengos, primera por la izquierda, en LondresMás de un lustro en Londres, ciudad a la que llegó en busca de empleo y en la que en breve afronta un nuevo reto profesional en una empresa de localización de campañas globales de marketing. La vallisoletana Raquel Luengos (24 de diciembre, 1983) ya es por derecho propio una londinense más y como tal una sufridora de los numerosos inconvenientes aparejados a la celebración del olimpismo a orillas del Támesis. Por poner un caso. ¿Recuerdan que la organización afirmaba que hace meses todas las entradas estaban vendidas? Pues nada más lejos de la realidad, todavía quedan cerca de 500.000 tiques sin vender. Porque adquirir una localidad para este evento deportivo es una auténtica odisea. Sobre todo para los habitantes de las islas. “El año pasado intenté comprar entradas -se adquirían por sorteo- en la página web oficial y fue imposible. De hecho, es más fácil conseguirlas si vives en otro país. Además, el sistema de venta era un desastre, porque tenías que hacer una propuesta y pedir entradas para los eventos a los que quisieras asistir, a ciegas; digamos. Había que solicitar bastantes para que hubiera más posibilidades, pero claro, si por un casual te tocaban todas… El desembolso era importante y a tocateja”. Luengos reconoce que todo este proceloso sistema ha hecho enfadar a más de uno, ya que como relata la joven: “A los que vivimos aquí y pagamos nuestros impuestos religiosamente, no nos han dado ninguna facilidad”. La vallisoletana reconoce que hay bastantes “sentimientos encontrados” ya que a la gente “le gustaría poder disfrutar de los Juegos, porque es una oportunidad única, pero a la vez se encuentran trabas para todo”.

Porque la celebración de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, lejos de ser el acontecimiento deportivo y social del año para sus habitantes está siendo un caos continuo. “Si el transporte ya de por sí es una pesadilla, ni te imaginas ahora… Llevamos más de un año con varias líneas de metro cerradas los fines de semana para realizar reparaciones y arreglos varios. Cada fin de semana, que es cuando quieres pasar tiempo fuera de casa, hemos tenido que estar pensando en mil rutas alternativas para llegar adonde queríamos ir”, explica. El medallero y los récords deben competir con los madrugones y los interminables atascos que colapsan el corazón londinense y su transporte público. “Llevan todo el año aconsejándonos que planeemos nuestras rutinas de trabajo según los malditos Juegos. El metro no da abasto de normal, y ahora menos con tanto turista. Así que se nos ha sugerido que nos vayamos de vacaciones (con estos precios), trabajar desde casa, ir andando o en bici a la oficina…”. Medidas todas ellas que sonrojarían a más de uno si se planteasen en otro país. La flema es la flema.

La misma con la que se sugiere a los trabajadores que modifiquen sus horarios para no entorpecer la celebración de los Juegos. “Tenemos la opción de entrar a las 7.30 de la mañana y salir sobre las 4 de la tarde, o bien ir de 11 de la mañana a 8 de la noche”, explica Luengos. Para la joven, esto supone que si quiere tener vida social, debe levantarse a las 6 de la mañana “para que así los turistas puedan llegar a sus eventos cómodamente”. Un problema que, como ella misma relata, se resolvería si se hubiera pensado en hacer tarjetas especiales o entradas al metro separadas para aquellos ciudadanos que deben ir a trabajar.

Sin embargo, y por si fuera poco, el caos circulatorio no termina aquí. Si en lugar de utilizar el metro el transporte elegido es en superficie, no lo haga sin una considerable dosis de paciencia. “Han creado carriles especiales de tráfico para los vehículos oficiales, por lo que a los que vivimos aquí nos toca tragarnos los atascos. La organización es un desastre y ya desde el primer día los conductores ni sabían cómo llegar a la Villa Olímpica desde el aeropuerto de Heathrow y estuvieron 4 horas dando vueltas por la ciudad”. Sin comentarios.

Como tampoco los merece el asunto de la seguridad en los Juegos. Basta un dato. La empresa contratada (G4S) no planeó bien el número de personal que necesitaba, así que han tenido que recurrir al ejército. Muchos de los lectores habrán visto a jóvenes soldados uniformados asistiendo a los distintos eventos deportivos. No en vano han sido necesarias cerca de 5.000 personas extra. Un ligero error de cálculo…

Por último, Luengos relata otro de los asuntos más rocambolescos que ha proporcionado la celebración de los Juegos Olímpicos de Londres. Los alquileres. “Ha sido una locura también. Se han aprovechado todo lo que han querido y más. Los precios han subido por las nubes para tratar de hacer el agosto. Nunca mejor dicho. Muchos inquilinos han tenido que cambiar de piso en mayo para que sus caseros pudieran tener la casa libre en verano y cobrar el triple de alquiler de lo que ganarían con ellos. Aunque los inquilinos llevaran más de 3 años viviendo allí…”. El bluff de público registrado, muy por debajo de todas las previsiones, incluso las menos optimistas, ha hecho que los hoteles hayan retomado las tarifas ‘razonables’. Siempre hablando de Londres y de libras, claro. “No vendían las habitaciones”, confirma Luengos. “Lo mismo ha ocurrido con los vuelos, las compañías esperaban que viniera más gente y no les está yendo como pensaban”. ¿Qué hubiera pasado de haberse celebrado en Madrid? Nadie lo sabe. Pero quizá algún día salgamos de dudas.

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