The Newsroom

the newsroomLos primeros ocho minutos -exactos- del episodio piloto de la serie The Newsroom ya forman parte de la historia de la televisión. No sólo son un prodigio narrativo con un Jeff Daniels (Will McAvoy) inmenso, sino que suponen una bofetada al anquilosado y autocomplaciente establishment de los medios de comunicación (no sólo los yankis) a la vez que desmonta la presunta supremacía estadounidense en el mundo. A partir de este vigoroso -y catártico- arranque, lo que se nos presenta a lo largo de los diez episodios que conforman la primera temporada de esta serie de la cadena HBO es una revisión del mito de Apolo y el Oráculo de Delfos utilizando como hábil coartada la redacción de informativos de una cadena de televisión. Porque, seamos claros, cuando el espectador se dispone a disfrutar de cada uno de estos capítulos no está sólo delante de una serie de televisión. Eso sería banalizar la realidad. Incurrir en el mismo error del que su guionista, un Aaron Sorkin en estado de gracia, nos previene una y otra vez: “No cometáis vosotros también este error. No deis todo por sentado. Sed críticos, preguntaos el porqué de las cosas”. Una actitud ante la vida que no sólo encaja en el modus operandi (et vivendi) de la fauna -y flora- periodística. Una responsabilidad que cada ciudadano (Zóon politikon) contrae y ante la que uno no puede evadirse bajo la coartada de ser sólo un seguidor de los New York Jets, el Real Madrid o el FC Barcelona. Quizá por eso la serie no es amable. Sus tramas son en ocasiones densas y no lineales. Los diálogos son vertiginosos, acerados. En definitiva, no trata al espectador como a un idiota. Aunque esto no es sinónimo de que tenga que gustar. Supongo, de hecho lo creo, que no será un gran éxito de audiencia en España, ya que aborda asuntos determinados desde una perspectiva quizá demasiado localista. En cualquier caso, siempre recomiendo su visionado en V.O. No quiero ni pensar qué desgracias pueden originar en ella el doblaje.

McAvoy, un republicano registrado, opta por ser fiel a su responsabilidad como presentador estrella de informativos y no duda en cargar contra el Tea Party o en cuestionarse las aparentes ‘verdades absolutas’ que suponen las ruedas de prensa y las declaraciones institucionales. Aunque en esta angustiosa lucha interior por conocerse a sí mismo, y de paso informar a su audiencia, deba enfrentarse a los intereses políticos y económicos del emporio mediático que le sustenta. Sí, lo sé. Pura ficción. Pero todo en esta irreal batalla de David contra Goliat es un disfrute. Desde el envidiable compromiso del superior para con sus subordinados a la entrañable relación entre el editor (un Sam Waterston pletórico) y todo el personal a su cargo. De las concisas reuniones de primera -más ciencia ficción- al compañerismo, la entrega y la profesionalidad de todo el staff.

Incluso las inevitables historias de amor/desamor/necesidad/consuelo poseen un interés más allá de lo frívolo. Cada palabra, cada silencio, la forma de actuar o de no hacerlo… todo contribuye a dibujar unos personajes tridimensionales, alejados de los habituales estereotipos maniqueos que pueblan las parrillas televisivas. Resulta curioso descubrir cómo determinadas situaciones se producen en todas las redacciones de todos los medios de comunicación, aunque estén alejados entre sí miles de kilómetros. Cómo determinados perfiles profesionales parecen cortados por un mismo patrón y cómo es necesario que todos ellos existan -existamos- para que la maquinaria engrane. El periodismo es la profesión más bonita del mundo, pero no atraviesa por su mejor momento. Quizá debido en gran medida a prácticas y comportamientos como los que se denuncian en esta ficción televisiva. Podríamos enfrascarnos en horas de interminable discusión acerca de la necesidad de adaptación a los nuevos tiempos, la importancia de la tecnología, etc. etc. Sin embargo, la principal lección que yo extraigo de todo esto, después de diez horas dentro de la redacción de informativos de la ACN, es que nunca conseguiremos nada sin las personas. Todo Will McAvoy necesita de una MacKenzie MacHale, del mismo modo que se necesitan Jim, Lisa, Maggie, Don y Sloan; al igual que Charlie Skinner -aunque por motivos diferentes- necesita a Leona Lansing… y quizá también al igual que cada uno de nosotros necesita estar informado.

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Un comentario en “The Newsroom

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