Dcode Fest 2012

Kings Of Convenience - Dcode Fest 2012La segunda edición del festival Dcode ha dejado bastante claro que la cita se quiere consagrar como ineludible en el calendario y, a la vez, servir como punto final a la programación estival patria. Este año, las intenciones estaban claras habida cuenta del potente cartel que presentaba la organización para los dos días de certamen, y sólo contemplando lo acaecido en la primera jornada el balance supera las expectativas. Al menos las nuestras. Juntar en el tiempo y en el espacio a Kings Of Convenience y Sigur Rós era una propuesta demasiado tentadora como para dejarla escapar y pese al reparo inicial debido al precio (tanto del abono como de cada jornada) debemos reconocer que la experiencia ha merecido la pena con creces.

Mentiría si dijera que -a priori- me importaba lo más mínimo el resto del cartel de la primera jornada de la cita en el campus de la Universidad Complutense y sin embargo el nivel medio de los grupos que pudimos disfrutar no desmereció en ningún momento. Los primeros, unos solventes -y reivindicativos- Dorian, quienes pese a tocar “con el sol de cara” supieron captar la atención de los que íbamos llegando con sus archiconocidos himnos. En el tramo final del concierto, Marc leyó un manifiesto en favor de la cultura mientras el resto de integrantes de la banda sujetaban una pancarta contra la subida del IVA. Ésta no fue la única, aunque sí la primera, referencia a los recortes y a la crisis que se produjo durante esta intensa primera jornada del festival.

A la solvencia de Dorian en la pista central del Dcode le siguió la actitud avasalladora de Dinero en el más modesto escenario Heineken. Nuestro interés se concentraba en el escenario principal, pero fue imposible no prestar atención a su potente sonido. Del mismo modo que nos ocurrió con The Shoes, muy resueltos aunque algo ruidosos, y Kimbra, quien con su desenfadado y disfrutable directo sorprendió a más de uno. La neozelandesa reconocía estar encantada con el público español en esta su primera actuación en nuestro país mientras que los franceses mostraron su apoyo a los sufridos espectadores -ojo, por aquello de la crisis, no por aguantar su rollo a lo Safri Duo-.

Kings Of Convenience - Dcode Fest 2012También el dúo noruego Kings Of Convenience confesó al público que ya apenas se ven españoles por su Bergen natal (por la crisis, no por el frío). El rubiales Erlend Øye comentó esto minutos antes de desmelenarse sobre el escenario -para solaz de la concurrencia- en la parte ‘eléctrica’ de su actuación. Minutos antes, tanto él como su compañero Eirik Glambek Bøe con la única ayuda de sus voces y sendas guitarras embelesaron al público mientras acunaban al sol que se escondía tras la arboleda del campus. Belleza y complicidad que dio paso a la contundencia -demasiada, quizá- que destilaron los belgas dEUS. Del hard rock al funk, los de Amberes demostraron lo buenos músicos que son en directo. Pese a contar con un excesivo Tom Barman -su cantante y guiatrrista- cabreado por los problemas técnicos que impidieron que su escenografía luciera en todo su esplendor en este concierto “fin de giro… ¿yiro?… giro… or whatever”.

La organización de esta primera jornada fue impecable. Perfecta. Las instalaciones del campus también resultaron más que adecuadas para acoger a los cerca de 20.000 espectadores que se fueron congregando a medida que avanzaba la noche. Las apreturas sólo se sufrieron en las primeras filas y las colas del baño. Ningún problema para conseguir bebida y comida (más allá del precio, claro). Y a tenor de lo que se podía ver pulular por el campo de rugby del escenario principal tampoco resultó nada difícil hacerse con otro tipo de sustancias.

Kings Of Convenience - Dcode Fest 2012Los hay que prefirieron viajar (al menos en espíritu) hasta las entrañas del volcán Hekla para arder por dentro y emerger purificados de las aguas del lago Kleifarvatn. La culpa la tuvo Sigur Rós. Con un show inmaculado, preciso y precioso, elegante, barroco, épico, emocionante, vibrante. Los adjetivos se quedan cortos para expresar lo que se vivió durante 100 minutos. Un setlist (vía Cuchara Sónica) no apto para los no iniciados y repleto de borboteante sensibilidad que estalla en un clímax de decibelios y watios para dejarte sin aliento. Los islandeses estuvieron apoyados por una onírica estética visual en las dos pantallas que los flanqueaban y que capturaban instantes del concierto, muy del estilo de lo que se pudo ver en Inni. Con las fuerzas justas para aplaudir apenas un instante antes de que un arco rasgue de nuevo las cuerdas de una guitarra, la línea de bajo te trepe por la médula y la batería te sacuda de dentro afuera. Y así con cada canción. Sin respiro. Ni un hola ni un adiós. Al final, una sola concesión: el saludo conjunto de los once músicos que demostraron a más de uno que aquello no había sido un sueño.

Fotos: DCode

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