Argo

Argo

ArgoBen Affleck está empeñado en asegurarse un futuro como realizador más allá de la interpretación y poco a poco lo está consiguiendo. En su tercer largo y con sólo 40 años, Affleck puede jactarse de haber conseguido algo que otros muchos colegas de profesión ansían: estilo. Si bien sus dos anteriores trabajos tras las cámaras (Adiós pequeña, adiós y The Town. Ciudad de ladrones) partían de guiones originales, con Argo se enfrentaba al reto de reconstruir una historia real, aunque inverosímil, que a la vez es un reflejo de la tensión geopolítica que se vivía a principios de los años 80. Varias cosas se agradecen en esta película. La primordial es que estamos ante un verdadero vehículo de entretenimiento que consigue que la atención no decaiga a lo largo de los 120 minutos de metraje. Pero no sólo el tiempo se pasa volando, sino que la acción avanza con brío, una vez superado con maestría el primer tercio de la cinta. Para cualquier aficionado coetáneo de Affleck, el indisimulado homenaje al cine de Spielberg y Lucas es otro de los ingredientes que emparentan esta película con los clásicos de los 80; por cierto, al igual que intentó -con peor suerte- J. J. Abrams en Super 8. También se agradece el pulso del que está dotado el Affleck director, tanto en las secuencias de acción como en el último tramo de la película, donde el prodigioso montaje te deja clavado a la butaca. Para Affleck, el espectador es lo primero y se agradece. La dirección de actores es efectiva, aunque cuando cuentas en el reparto con John Goodman y Alan Arkin ya tienes mucho ganado. Por buscarle algún ‘pero’, podríamos entrar en si la película hace gala de un excesivo patriotismo o no… La verdad es que particularmente me da igual. No dudo de que estamos ante una de las firmes candidatas a hacerse con alguna estatuilla en la noche de los Oscar®. Para disgusto de Spielberg, claro.

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