Amor (Amour)


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Lo que importa es el camino. Cómo hemos llegado hasta aquí. Quién tomó nuestra mano para acompañarnos. Quién decidió soltarse, emprender la marcha por otro lado. Agarrar otras manos. Soltarlas. Qué ganamos, cuánto perdimos. Lo verdaderamente importante no es el final. Por eso precisamente, Haneke empieza por el final en este descarnado y teatral canto a la vida que componen con maestría Jean Louis Trintignant y Emmanuelle Riva en Amor, la última película del realizador germano. Apenas cuatro estancias dentro de la vivienda parisina del matrimonio que componen con un verismo devastador la pareja protagonista sirven para ambientar esta historia. Un relato de (in)comunicación, (des)amor, (com)pasión y una infinita ternura soterrada que fluye a lo largo del metraje como el pentagrama de una inconclusa sinfonía de vida y muerte.

La habilidad de Haneke a la hora de situar la cámara y su otrora malvada obsesión por incomodar al espectador se tornan ahora en delicados ejercicios de poesía visual. El arte de sugerir más que mostrar. La perfecta planificación de las secuencias. El toma y daca continuo, merced al revelador juego del plano-contraplano que nos va mostrando detalles que nos permiten comprender a la vez que nos sobrecogen. Y así, con el alma chiquita asistimos al desgarrador y cotidiano acto diario. La vida. Eso que, más allá de lo orgánico, comienza al amar y ser amado. Esa esencia que no capturan las fotografías ni los cuadros. Eso que se nos escapa de continuo y sin respiro.

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