Lincoln

LincolnEl término biopic (película biográfica) alcanza una nueva cota con este relato acerca de los últimos años de Abraham Lincoln como presidente de los Estados Unidos y su empeño por aprobar la decimotercera enmienda que abolió la esclavitud en aquel país en los últimos estertores de su Guerra Civil. Un relato que arranca con lo que podría haber sido un gran retrato de la norteamérica de finales del siglo XIX y que a medida que la película avanza se diluye como un azucarillo. El filme, tour de force interpretativo del gran actor que es Daniel Day-Lewis, se queda en una desapasionada sucesión de anécdotas concatenadas que terminan por emborronar el relato de uno de los mayores logros del aparentemente intachable sistema democrático yankee. Lejos de demostrar su pericia como realizador, Steven Spielberg, que es quien dirige la cinta, se conforma con hacer acopio de actores conocidos que van apareciendo a lo largo del metraje. Aunque en ocasiones no sepamos muy bien qué necesidad hay de que determinadas estrellas (David StrathairnJoseph Gordon-LevittJames SpaderHal HolbrookJohn Hawkes) se paseen por la gran pantalla de manera episódica en estos elefantiásicos proyectos concebidos con el único fin de acumular premios ‘porque yo lo valgo’. Ni un solo recurso narrativo que merezca la pena. Cero sorpresas en la planificación de las secuencias y una incomprensible obsesión con superar -por sistema- las dos horas de metraje en cada cinta.

Porque los casi 150 minutos de duración de Lincoln no están en absoluto justificados ni por la entidad de la historia que aquí se cuenta ni por la adaptación de la obra homónima escrita por la historiadora -y ganadora de un Pullitzer- Doris Kearns Goodwin. El guion de Tony Kushne es correcto, nada más. Lo que sorprende es la incapacidad de Spielberg de emocionar, entretener, e incluso, hacer pedagogía con estos mimbres. El director se limita a repetir los mismos trucos que tan bien le han funcionado en taquilla una y otra vez. El recurso lacrimógeno apoyado en la música de John Williams -muy pobre este score, por cierto-, los habituales movimientos de cámara que se repiten una película tras otra… Todo muy manido y mascado. Pero, lo peor, desprovisto de alma. Tan solo las interpretaciones del consabido Day-Lewis, Sally Field y, sobre todo, Tommy Lee Jones logran mantener el tono que requiere la historia que se pretende contar. Este último actor y su emocionante composición de Thaddeus Stevens consigue relegar a un segundo plano la figura del presidente Lincoln en el tercio final de la película.

Dos apuntes. El primero hace referencia al brillante arranque de la película y a su intención de emparentar los hechos históricos con la actualidad a través de sutiles referencias a las diferencias raciales y a la comunmente aceptada corrupción de la clase política. Una lástima que estos puntos fuertes del relato se pierdan en lo atropellado de la narración. El segundo apunte es una declaración de rendida admiración ante el trabajo de fotografía de Janusz Kaminski, quien además de crear ambientes también completa la acertada composición del personaje central y logra disimular el exagerado maquillaje. Me ahorraré las comparaciones con Muchachada Nui. Por cierto, esta película -acabe gustando o no- es obligatorio verla en su versión original para disfrutar de la variedad y riqueza de acentos.

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Un comentario en “Lincoln

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