Las ventajas de ser un marginado (The Perks Of Being a Wallflower)

The Perks Of Being a WallflowerMúsica. Amistad. Adolescencia. La fórmula ha funcionado desde hace años. Se han realizado cientos de películas con estos elementos -incluso con menos- y el pretexto de llegar a ese gran público, potencial consumidor de taquillazos concebidos para (re)lanzar las carreras del músico o el actor de turno. Siempre con el apósito “adolescente” bien presente. Varias generaciones hemos pasado de las comedias -si es que a aquello se le podía llamar humor- más o menos gruesas a las amables historias de amor-desamor en bucle infinito. Una suerte de fotocopias que todavía se pueden padecer en cualquier tarde de resaca dominical que se precie tumbados en el sofá de casa. Muy pocas veces una película adolescente encierra en su interior un canto a la vida, a la amistad y a la música tan poderoso como el que se nos muestra en Las ventajas de ser un marginado (The Perks Of Being a Wallflower).

La novela homónima de Stephen Chbosky ambientada a principios de la década de los 90 y publicada en 1999 fue un rotundo éxito en EEUU. Su autor, ahora también guionista y director de la adaptación cinematográfica, esperó trece años para rodarla. Una vez leído el libro (o vista la película) es fácilmente comprensible que los motivos que llevaron al autor a plasmar sus inquietudes vitales en papel fueron los mismos que le hicieron tomarse tiempo en dar el sí quiero al encargo de dirigir su propia novela. El resultado es magnífico. La espera bien ha merecido la pena, porque esta -en apariencia- amable historia de florecimiento a la adolescencia del joven Charlie encierra una de las más bellas y sinceras declaraciones de amor a la vida, a la amistad y a la música que uno recuerda. El triángulo compuesto por Charlie, Sam y Patrick es inolvidable. Como lo son -serán- las interpretaciones de Logan Lerman, Emma Watson y Ezra Miller.

La sensibilidad con la que se narra la historia de Charlie, el marginado (invisible) al que se refiere el título, es sólo comparable con el tratamiento que se hace de la educación. La cultura, y la literatura como epítome, el ansia de conocimiento. El refugio de todos aquellos marginados forzosos en colegios e institutos. El canto al inadaptado, y, de paso, rendido homenaje al kitsch, llega con la referencia a Rocky Horror Picture Show.

Junto a las peripecias del trío protagonista, en la historia la música ocupa un papel definitivo. Quizá por esto mismo es por lo que me ha gustado tanto la película. Por el acertado uso que Chbosky ha hecho de las canciones que componen su banda sonora. El mérito no está en integrar las composiciones como un elemento narrativo más. El mérito del autor está en haber vivido la música de su generación con la pasión necesaria para poner a todas esas canciones en el lugar que les corresponde. Más allá de simbolizar distintas etapas de la educación sentimental de sus protagonistas. O de sus espectadores. El tono melancólico y shoegaze que compone la selección musical del grupo de inadaptados que terminan por conquistarnos define a la perfección el sentimiento fatalista, pero vital, que pulula por todo el metraje y que subraya el Heroes de Bowie.

Lo único que no me gustó al terminar de ver esta película fue no haber tenido la suerte de leer el libro original. Aunque esto último tiene fácil solución.

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