Sonorama Ribera 2013, regusto castellano

Público Sonorama 2013Resulta cómica la recreación atávica del castellano viejo que pretende emular la modernidad festivalera que cada año -y van 16- recorre Aranda de Duero y sus alrededores en esa voluntaria trashumancia estival. La Ribera del Duero es un enclave tan bueno como cualquier otro cuando lo que en realidad importa es la música, pero la organización del Sonorama ha logrado imbricar toda suerte de reclamos para garantizar la pervivencia de esta rara avis en el panorama patrio. Excesos -incluso gastronómicos- aparte, la principal baza del festival que organiza Javier Ajenjo (cabeza visible del colectivo arandino Art de Troya) está en la fidelidad.

Tanto la de sus asistentes como la de músicos y patrocinadores. Porque, no lo olvidemos, esto es un negocio y como tal ha de ser rentable. Recordemos esto al leer las crónicas y al ver cómo se confeccionan los carteles. Y por si se nos olvida, ahí están los nombres de los tres escenarios existentes en el recinto ferial. Con todo y con eso, esta edición del Festival Sonorama Ribera puede calificarse de exitosa por muchas razones (todas ellas musicales) que vamos a reseñar a continuación.

tercer díaLo mejor del Sonorama 2013 ha sido LA MÚSICA. Así, con mayúsculas y de verdad. Nada de imposturas o forzadas campañas de mercadotecnia. Los artistas que han triunfado lo han hecho porque han sabido transmitir un sentimiento verdadero en sus actuaciones. Amén de las episódicas concesiones al pop británico (Travis, Belle and Sebastian), el público vibró de verdad con el producto patrio. Ese Jero Romero en estado de gracia repasando de pe a pa su ‘Cabeza de león’ con todo el público que pisaba el solar del escenario principal coreando cada tema de principio a fin y pidiendo otra y otra. Él solo se erigió en el principal protagonista de un festival que se había iniciado un día antes con unos impecables Egon Soda que poco pudieron hacer encorsetados a pleno sol en 40 minutos. Los explosivos Tiki Phantoms fueron de lo más reseñable en ese insulso arranque de certamen, empeñado en esconder a bandas del calibre de los madrileños Autumn Comets (30 de agosto, gratis en el Summer End)  en el interior de una carpa.

segundo díaAl exlíder de los Sunday Drivers le precedieron el viernes Cyan y León Benavente. Los catalanes sonaron muy serios y lograron congregar a un buen puñado de personas frente al escenario principal, pese a los más de 30º. Por su parte, el supergrupo comandado por Abraham Boba tiró de galones. Muchas ganas de verlos en un recinto mucho más apropiado el próximo 27 de septiembre en el Tónal 2013.  Otra de las bandas que nunca defraudan son Delafé y las Flores Azules. Da igual dónde los veas y el tiempo que puedan tocar. En esta ocasión fueron 50 minutos que se esfumaron entre sonrisas, estribillos que ya son himnos y bailes al filo de la medianoche. Óscar y Helena son un seguro de vida para cualquier festival.

Aunque si ha llegado el momento de hablar de seguros de vida, buenos sabores de boca, regustos y toda la colección de típicos tópicos que se os ocurran, para ello tenemos el último día del festival. Un sábado maratoniano en el que si no desfallecías podías disfrutar en la plaza del Trigo de la contundencia de los gallegos IGLØØ (al igual que el día anterior con TUYA) , del lisérgico rock navajo de Ángel Stanich y asistir al doctorado cum laude de Izal. Pasarte a ver a Sethler por la zona de acampada con casi 40º a primera hora de la tarde y salir corriendo hacia el recinto ferial para llegar a tiempo al concierto de McEnroe. Arf.

primer díaLos de Getxo regalaron a los valientes que desafiaron el aplastante calor uno de esos conciertos difíciles de olvidar. Con esa devastadora melancolía capaz de desgarrar el cielo de media tarde, con el alma aún encogida cruzamos el Atlántico que separa Coruña de Buenos Aires y nos reencontramos con Xoel López. De nuevo el escenario principal. Una vez más, el público coreando sus canciones de a poco comenzaban a sonar los primeros acordes. Y te sientes como en casa. Como si durante esos tres días infinitos todo lo que pasa te pasa sólo a ti. Como si no hay nadie más que la música y tú. Durante un segundo. Apenas imperceptible, pero imborrable. Y sonríes. El cansancio ya no puede contigo. Y disfrutas como un niño con la prueba de sonido de The New Raemon y Maga; con ese Miguel Rivera entonando Annabel Lee. Y después te descubres ante ese señor que es Ramón Rodríguez. Alabando el concierto del día anterior de Jero Romero (“el tipo que ha hecho una versión de ‘La fortaleza de Superman’ que es mejor que la original”) y a sus propios compañeros de banda, con quienes se repartió un setlist intenso que duró un suspiro y concluyó debiéndonos un baile y no una explicación.

Y el culmen llegó con L.A. Luis Alberto Segura y los suyos pusieron la guinda con un excelente repertorio improvisado, al contar con menos tiempo que el previsto. Tremendo el sonido en directo, la solvencia, el manejo de los tiempos y la presencia sobre el escenario. Un día redondo en el que la sorpresa la pusieron los getxotarras Garamendi.

Así transcurrieron tres días intensos. Música, música y más música. Ajena a polémicas, palmeros, postureos y humo. Bueno, casi.

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