El sistema

Línea de caja. 10.00 a.m.

Un joven está haciendo cola para pagar en caja. Lleva una barra de pan, una bolsa con tres piezas de fruta, cuatro yogures y una caja de toallitas limpiacristales para sus gafas. Delante de él, en la cola, una señora de edad indeterminada, situada en algún punto del Pleistoceno, pelo teñido de color zanahoria, nariz afilada y gesto rancio; encorvada y con una cesta repleta de artículos de compra a sus pies. La señora comienza a sacar cosas de la cesta. Sólo tiene que encorvarse un poco más para hacerlo. Sus temblorosas manos agarran con firmeza los paquetes de galletas e incluso, pese a su apariencia frágil y enjuta, logra alzar las dos cajas de leche que también están entre los productos de su compra. Cuando ya sólo le quedan dos cosas que recoger de la cesta que reposa a sus pies ocurre la tragedia.

Un golpe seco contra el suelo del supermercado precipita la reacción de la anciana que arroja de vuelta a la cesta el segundo paquete de galletas y se precipita en busca del frasco de crema cosmética que se ha resbalado de su regazo, donde había permanecido oculto como si de un marsupial se tratara todo este tiempo. La mujerina se agacha con decisión, atrapa el frasco y camina sin detenerse en dirección opuesta a la caja, hacia su carro, que descansa junto a otros bajo las consignas a la entrada del súper. Sin dudarlo, abre la cremallera frontal del sufrido carrito de color negro y guarda dentro su trofeo. Se gira de vuelta a la caja empujando ahora el carrito con la prueba del delito en su interior y continúa con su paripé, tembleque incluido.

El joven que la precede -y que desde hace tres minutos asiste atónito a la escena- esboza una ligera sonrisa cuando llega su turno para pagar. Abona el importe de su compra y flanquea a la señora camino de la puerta acristalada. La anciana sigue en la caja recontando las monedas de la vuelta y el tique de compra. Otro cliente se ofrece a ayudarla con su carro. Ella, esquiva, agarra el asa del carrito con determinación y arrastra de nuevo sus pequeños pies hacia la salida. Mientras cruza el arco de seguridad de camino a la libertad de la calle exhala un suspiro de victoria. El temblor de las manos ya casi es imperceptible.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s