Gravity

GravityEl cine es entretenimiento y esto es lo que Alfonso Cuarón consigue en los poco más de 90 minutos que dura Gravity, la cinta que firma a medias con su hijo Jonás y que es un prodigio técnico, amén de un estilizado ejercicio de pericia cinematográfica al servicio del 3D. Curioso que hasta casi un lustro después del boom de las gafitas en los cines y de ese fallido intento de productoras y exhibidores por aumentar los beneficios llegue una película que -dicen- hace justicia a las tres dimensiones. Es algo de lo que no puedo hablar ni escribir, ya que no lo conozco. Mi única experiencia con las dichosas gafas se remonta a mediados de los 80; cuando TVE anunció a bombo y platillo la emisión, una tarde de sábado, de una infumable película del oeste en 3D. En fechas previas, tanto las revistas teleprograma (tp) como teleindiscreta se encargaron de regalar junto con sus ejemplares las gafas de cartón con un cristal de cada color (azul y rojo). No sé el resto, pero yo por aquel entonces ni pude ni supe apreciar las magníficas cualidades de las proyecciones tridimensionales. Obviamente, no he visto Gravity en 3D; sin embargo, esto no supone -a mi juicio- ningún demérito para la cinta. Es más. Tal es la calidad técnica de la película, que alguno incluso llegó a creer que se rodó realmente en el espacio.

Bromas aparte. El trabajo de planificación de las secuencias, la colocación de la cámara, el ritmo que imprime el montaje, la banda sonora, los efectos especiales… todo ello es impecable. Tanto, que uno se llega a olvidar de que está en una sala de cine y sufre de lo lindo con Stone y Kowalski, la pareja protagonista. Tal es la calidad técnica que podría llegar a eclipsar a dicha pareja, si no fuera porque se trata de Sandra Bullock y de George Clooney. El homenaje cinéfilo lo pone, en la versión original, la voz en off de Ed Harris. Con estos elementos la película ya merece muy mucho la pena, pero si le sumamos que el guion encierra una magnífica historia, muy bien contada y llena de emoción, ¿qué más pedir?

Pero sí, se puede pedir algo más. Un poquito menos de perfección técnica y un algo más de corazón. No hablo de lágrima fácil ni de sensibleros mensajes subliminales. No. Hablo de emoción de verdad. Toda la que rebosa en sus siete minutos de duración Aningaaq, este cortometraje que dirige Jonás Cuarón y que completa la historia. De visionado obligado para quienes hayan disfrutado con la película.

Actualizado 16/01/14:

Candidata a 10 Oscar®

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