Her

HerInteligente, melancólica, lírica, demoledora. Así es la reflexión que el actor, director y guionista Spike Jonze plantea acerca de las relaciones interpersonales en ‘Her’. El listado de epítetos se podría alargar de forma desmesurada, ya que es tal la cantidad de sensaciones que se agolpan en la boca del estómago una vez visionada, que resulta complicado sintetizarlas todas y extraer una única conclusión. Ambientada en un futuro no tan lejano, la película se centra en el monótono e impersonal día a día de Theodore Twombly, un curioso escritor de cartas por encargo interpretado a la perfección por Joaquin Phoenix. Desde el mismo arranque de la cinta, Jonze deja bien claro al espectador que todo a lo que va a asistir a lo largo de las siguientes dos horas le va a doler. No se trata de un dolor físico, aunque sí emocional. Una comezón que arranca en la incómoda secuencia (a)sexual del desvelo nocturno y que, una hora después, tras un magistral fundido a negro, se ha transmutado en pena. Desolación fruto de la empatía. Sintonía enmudecida. El reflejo que el director nos muestra de la sociedad actual, y sus consecuencias para el ser humano, duele.

Construida con la pulcritud de un orfebre, ‘Her’ se nos muestra la obra más madura de Jonze y parece zanjar, una década después, su particular batalla emocional con su pasado. La narración presta especial atención a los detalles y nunca recurre a los torpes subrayados para mostrar la alienación tecnológica a la que, voluntariamente, nos hemos sometido. Gran parte del mérito en la consecución de atmósferas y situaciones la tiene la acertada elección de Scarlett Johannson, que borda el papel de Samantha -la ‘ella (her)’ a la que hace referencia el título-. El tratamiento que se hace de la invasión tecnológica en que se han convertido nuestras vidas en la supuesta sociedad de la información y los despojos incomunicados que quedan de nosotros. La incapacidad de sentir más allá del resentimiento y la culpa. Nuestros miedos, anhelos, inseguridades, fobias… Todo ello conforma el cóctel molotov que Jonze, en su debut como guionista, hace implosionar ante nuestros ojos sin artificio alguno.

La pictórica fotografía de Hoyte Van Hoytema, unida a la espléndida banda sonora que firman a medias Arcade Fire y Owen Pallett son el complemento perfecto a la narración visual que realiza el director estadounidense quien en este su particular -y mejorado- ‘Lost In Traslation’ se rodea de una interesante nómina de personajes femeninos que acompañan en su diatriba emocional a Theodore. Un personaje cuya limpia tristeza permanece impregnada en nuestra memoria (RAM y ROM) para recordarnos más que de dónde venimos, hacia dónde -irremisiblemente- vamos.

Candidata a cinco Oscar®

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