El camino

Cuando colgó el teléfono de camino no se dio cuenta. Apenas había tenido tiempo de digerir todo lo anterior, así que cómo iba a asimilar lo que acababa de escuchar al otro lado del auricular. Era difícil de creer. Sobre todo en un día como ése. Todo parecía formar parte del guion soñado. O de una broma macabra, todo era posible… Hizo memoria.

Viernes. Madrugón. Una semana de perros que parecía no acabarse nunca. Exámenes. Despedidas. Fantasmas que desaparecen y vuelven a aparecer sin avisar. Sueños en los que siempre tienes que volver a enfrentarte a aquello que creíste dejar atrás. Nuestro subconsciente se empeña en reírse de nosotros. Y lo consigue la mayoría de las veces. Pero esta vez era real. el colofón a esta semana para olvidar era un examen. De verdad. Sí, es lo que eufemísticamente llaman educación a lo largo de la vida. Una diplomatura sólo te procura un sueldo de mierda hoy en día, así que hay que completar el currículo y volver a estudiar con casi treinta. Sí, lo sabía. Quejarse no servía de nada. Peor lo tenían sus compañeras de clase. Tan perdidas que eran incapaces de argumentar por qué habían vuelto a las aulas. Pero ella, sí. Formación. Ambición. El convencimiento de que con un título de grado bajo el brazo nadie le volvería a decir que su trabajo era prescindible. Como había pasado dos meses atrás. Menudo regalo de Navidad. De los buenos.

Por eso apenas daba crédito a lo que le acababa de pasar. Y además de forma consecutiva. Primero fue la confirmación de que el juicio no se llegaría a celebrar porque la empresa accedía a negociar. Curioso, pensaba ella. Todo tiene un precio, hasta lo prescindible… Y cuando creía que ya tenía suficiente que celebrar fue cuando recibió esa otra llamada de un número oculto que al principio le hizo dudar. Descolgó con recelo. El lunes empiezas. Ya te daremos los detalles. Disfruta del fin de semana. La conversación apenas había durado tres minutos. Ella estaba segura de que no la había seleccionado por su locuacidad. Uhmm, sí, ya, bien, ehmm, sí. Fue todo lo que acertó a decir. El lunes empezaba.

El mundo sigue girando. El camino se desvía  a la derecha y toma un atajo a la tranquilidad. La calma. Y una nueva llamada después de comer. ¿Sí, quién es? Sí, sí. Soy yo. Sí, dígame. Ah, sí. De la oferta de la web. Sí, ya… Pues no. La verdad es que no. Me han llamado esta mañana y empiezo el lunes. Sí. Gracias. Gracias. Sí, lo sé. Una suerte, lo sé… Y tomó aire. Se guardó el teléfono en el bolso. Se acomodó las gafas con el dedo derecho y reprimió las ganas de gritar. Respiró, esta vez consciente de que lo estaba haciendo, y exhaló el aire de una vez. Quiso reír y llorar a la vez. Apenas tres meses. Vaya, se dijo. Esbozó una sonrisa, sacó el teléfono del bolsillo del pantalón y tecleó a toda velocidad. No fue consciente hasta mucho después de que se le había dibujado una sonrisa en la cara que ahora sí que les iba a costar conseguir borrar.

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