Alguien a quien amar (En du elsker)

Someone You LoveLa realizadora danesa Pernille Fischer Christensen aborda en su última película En du elsker (Los seres queridos, traducida en España como Alguien a quien amar) una nueva vertiente de las relaciones familiares y sus peripecias vitales. Un filón que le reportó un sonado éxito en el pasado en diversos festivales con títulos como Una familia (2010). Sin ir más lejos, en aquella edición de la Seminci vallisoletana Jesper Christensen se llevó el premio al Mejor Actor. No sería descabellado pensar que su inclusión en la sección oficial de esta edición del festival también responda a la intención de que el jurado reconozca la labor del conocido actor sueco Mikael Persbrandt a la hora de interpretar a Thomas Jacob, el atormentado músico protagonista de este drama familiar con niño. Es importante hacer hincapié en este detalle de la historia y a la vez disipar las dudas o los temores que pudieran albergar los posibles espectadores a la hora de decantarse por su visionado. Tranquilos, esta vez no dan ganas de llamar a gritos a Herodes. La historia que aquí se nos cuenta gira en torno a la magnética presencia que compone con gran pericia y solvencia Persbrandt, el cual también interpreta las canciones que suenan en la banda sonora. Una suerte de híbrido entre Leonard Cohen, Brian Ferry y Nick Cave, pasado por el tamiz del músico y productor Tobias Fröberg (responsable de la banda sonora de la cinta). Este Thomas Jacob que en el arranque de la historia parece encarnar todos los tópicos del músico atormentado que regresa a su hogar para grabar un nuevo álbum tras una prolongada ausencia logra ganarse rápidamente al público y embaucarlo para asistir a lo largo de 100 minutos al desarrollo de un guion -coescrito por la directora y Kim Fupz Aakeson- mil veces repetido y que no por ello pierde efectividad. A ello contribuye un reducido, pero consistente, elenco femenino que ejemplifica las complicadas relaciones que el divo del rock mantiene con todos aquellos que le rodean: manager, asistenta, productora, hija… Un fracaso tras otro hasta forjar el carácter de este ser osco y malherido que se ve obligado a volver de nuevo la mirada al pasado y afrontar responsabilidades que creía ya prescritas.

Fischer Christensen utiliza la música en una suerte de susurro permanente para que sus personajes se digan todo aquello que se niegan a verbalizar. Es éste quizá el único atisbo de cercanía. La única muestra de sensibilidad entre estos restos del naufragio en constante deriva emocional. Refugiándose en la música como analgésico contra la soledad. Un mal que ni siquiera encuentra consuelo en regazos ajenos. Un mal responsable de sus adicciones y que les genera, en último término, esa necesidad de expiar sus pecados.

Dos triángulos ‘familiares’ vertebran la historia. Por un lado, el formado por Thomas, Julie y Noa, que ejemplifica cómo los errores del pasado trascienden los meros remordimientos. Cuando los fantasmas que pueblan los terrores nocturnos adoptan forma corpórea. Y por otro, el triángulo que involucra a Thomas con Molly y Kate, en el que la frustración y el deseo cambian su nombre para convertirse en amistad y necesidad a lo largo de los años. Lástima de un final excesivamente edulcorado que lastra las posibilidades de convertir una correcta película en algo más. O incluso en mucho menos de no haber contado en el reparto con un actor de la talla del omnipresente Persbrandt.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s