Se vende casco histórico

De bien nacido es ser agradecido y como no hemos inventado nada, aquí queda dicho -sin recurrir al autohomenaje– que la génesis de este post está en este reportaje publicado en El Norte de Castilla hace un año. Y más en concreto, a raíz de la apertura en Valladolid de un negocio de venta de perritos calientes y otros tipos de “comida americana”, entre los que se encontraban los “muphins” (sic) en la calle Cánovas del Castillo en octubre de 2013. A ello le siguió la sorpresa, tras leer en la entrevista que se hacía a su propietario, Gonzalo, al conocer que el alquiler que pagaba por un local de 13 m² ascendía a mil euros. Muchos perritos tiene que vender para no cerrar, pensamos algunos. Chocante, además, cuando el reportaje llevaba por título: “La caída del precio del alquiler sigue sin animar la apertura de locales en el centro de Valladolid”.

Calle Cánovas del Castillo

Calle Cánovas del Castillo

Un año después, y como nos temíamos, el negocio ha cerrado. Y no ha sido el único. La alargada sombra de la crisis se ha cebado durante los últimos tres años con el pequeño y mediano comercio en la capital. Un zarpazo cuyas cicatrices se hacen mucho más patentes en su casco histórico. En un radio de apenas 500 metros cualquier viandante se puede encontrar a día de hoy con más carteles que anuncian que los negocios se venden, se alquilan y se traspasan que con anuncios de promociones, ofertas y liquidaciones (que también los hay por doquier). El centro urbano está en venta, pero los clientes parecen haberse mudo a las afueras. La apertura de centros comerciales en el alfoz de la capital ha supuesto la puntilla para el comercio de proximidad, incapaz de competir contra una oferta combinada de ocio y gastronomía asociada a las compras. Además, temporada tras temporada las principales calles comerciales de la capital vallisoletana parecen coto privado para las franquicias. Apenas media docena de negocios tradicionales logran resistir en una de las arterias más emblemáticas de la ciudad castellana como es la calle de Santiago. El panorama en las calles adyacentes es desolador, con locales en permanente liquidación de género y tratando de no cerrar subsistiendo entre campaña y campaña, promoción a promoción. Si a todo esto se une que el pasado octubre ha sido el más cálido de la historia, para qué queremos más. Los negocios de ropa y calzado se ven doblemente amenazados al no poder competir tampoco con esas cadenas que ofertan artículos de dudosa calidad a menos de diez euros -la pela es la pela- y en cuyas cajas se apelotonan los clientes formando serpenteantes colas. Centros comerciales y locales para los que no existen fines de semana, festivos, ni fiestas que guardar. Otro de los caballos de batalla de los pequeños comerciantes.  

Calle Constitución

Calle Constitución

El cese de negocios afecta por igual a cada uno de los distritos que circundan el epicentro vallisoletano. Una gran librería como Oletvm, que ocupaba un emblemático local en el número 12 de la calle Teresa Gil se vio obligada en junio a abandonarlo y trasladarse a otro local mucho más reducido en la cercana plaza del Salvador. A escasos diez metros, en la archiconocida ubicación de El paraíso del plástico, ya han comenzado las obras para albergar un nuevo negocio. Una de las pocas buenas noticias que uno se puede encontrar al pasear por el centro de Valladolid. El resto corresponde a la apertura de nuevas franquicias. En la calle de Santiago y Claudio Moyano han abierto tres en los últimos meses (Merkal, Rituals y Bimba y Lola) que han ocupado las vacantes que se vieron obligadas a dejar negocios locales. Sorprende, asimismo, la apertura de un nuevo local de la multinacional gala del deporte Decathlon frente a El Corte Inglés de Constitución, a apenas un par de meses de la apertura de un macrocentro en la localidad de Arroyo de la Encomienda. Mientras, otros enclaves in illo tempore emblemáticos continúan desangrándose. A la sangría que, como ya relatamos en su momento, se vio sometida la calle de López Gómez se le siguen sumando bajas. con al menos cuatro locales en venta o alquiler. Ni siquiera la sede provincial del Partido Popular, en la calle Alcalleres, se ha librado del tsunami y su fachada presenta un desolador aspecto desde hace unos meses.

Una situación que, lamentablemente, recuerda mucho a la que se refleja en el reportaje “Ferrol camino de Detroit”, que publicó este pasado verano Nacho Carretero en Jot Down. Un desolador panorama -incluso en plena época estival, que se supone de máximo esplendor comercial- que muestra un centro urbano repleto de locales cerrados, carteles de se vende, se alquila o se traspasa y una actividad cada vez menor. En la capital coruñesa ni siquiera las agresivas campañas para captar clientes, con los negocios sacando el género a la calle durante los fines de semana para atraer a los turistas, han servido para revitalizar un sector en el que ni siquiera han logrado sobrevivir las multinacionales. Junto a comercios tradicionales como panaderías, mercerías, etc. se pueden ver franquicias cerradas desde hace años, con sus escaparates plegados de carteles, posters y anuncios publicitarios. Ecos de un pasado, no tan lejano, en el que consumir ocupaba una parte importante del ocio de la población.

Fotografías: María Parra y Roberto Antoraz.

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