Tulsa – La calma chicha

Tulsa - La calma chicha ‘La calma chicha’ es el nuevo álbum de Tulsa, el cada vez más personal proyecto musical de la cantante y compositora Miren Iza (Fuenterrabía, Guipúzcoa, 1979) y primero para el sello madrileño Gran Derby Records. Grabado junto a Javier Vicente (Carasueño) y Charlie Bautista, en la casa-estudio del primero, y masterizado por Javier Roldón, en Vacuum Mastering, estas nueve canciones suponen un cambio de registro en la carrera de Iza. Luminoso collage sensorial que ejemplifica a la perfección las imperfecciones de las relaciones personales. Enmarañado diario entretejido con loops, cuerdas y la siempre sugerente voz de Miren Iza. Empeñada en aferrarse a lo efímero con la desesperada ilusión de quien recorre por primera vez una senda que la lleve de nuevo al punto de partida. Porque el tercer disco de la de Fuenterrabía es una gozosa reinvención que nos muestra su lado más experimental, sin abandonar por ello su esencia. Para su puesta de largo en directo, la cantante ha elegido el formato de cuarteto. Sin embargo, ya no queda ningún vestigio de la banda que la acompañó en sus dos primeros discos. El único eco sonoro de su pasado es tan solo la presencia de Charlie Bautista en la producción y grabación del disco. Ahora, en la gira presentación de ‘La calma chicha’ la acompaña una superbanda, integrada por Martí Perarnau (Mucho), Javier Carrasco (Templeton) y Ramiro Nieto (The Right Ons).

El álbum surge como una suerte de diario emocional tras cinco años de ausencia desde su anterior álbum y un exilio voluntario a Nueva York de por medio. Asimismo, Miren Iza se ha embarcado en una colaboración con el cineasta Jonás Trueba, realizador del videoclip del single Oda al amor efímero. A cambio de esto, Iza ha compuesto la banda sonora de la próxima película del director, aún por estrenar y que lleva por título Los exiliados románticos. 

Miren Iza (Tulsa): “Cada canción alimentaba a la siguiente. Así se ha ido tejiendo el disco”.

Aquí puedes escuchar el podcast de la entrevista con Miren Iza:

http://www.ivoox.com/entrevista-tulsa-la-calma-chicha_md_4010901_wp_1.mp3″

Y yo que había pensado que el formato electrónico te iba a facilitar los directos, y resulta que llega el primer concierto de la gira (Sala Wah Wah, Valencia) y lo das con banda y Ramiro Nieto a la batería…

(Risas) Ya… En el fondo era una consecuencia que en principio me parecía muy atractiva por eso también, ¿no? Además de plantear la grabación desde otro punto de vista para divertirme y buscar otro vehículo para las canciones, nos va a facilitar el ir sin batería… Pero,  bueno… Luego hemos hecho unos conciertos en formato trío, con una base disparada y sin batería y seguía echando un poco de menos la batería. Esto [los arreglos electrónicos] es puramente una especie de necesidad de que la canción te dijera más cosas. No es una banda a la que enseñas una canción y la tocan, sino que es buscar cada sonido y cada textura entre infinidad de posibilidades. Una cosa es la composición y, luego, otra la canción grabada, que adquiere otro vuelo; y ahí es cuando da toda la cara posible. El directo es otro punto más allá que ha tenido un recorrido muy cortito solo con base [programaciones] y que luego, cuando ya hemos añadido la batería, es como el final del trayecto.

¿El cuarteto se conserva para el próximo concierto de la gira (12 de febrero, Sala el Sol, Madrid) o la formación va a ir variando?

Pues, seguramente irá variando dependiendo de las circunstancias, pero el del día 12 seguro que vamos todos. Luego depende de las circunstancias y de las condiciones de cada sitio, ya sabes… Coche, furgoneta, que el sitio requiera ir en formato reducido… Los sitios a veces te imponen eso: medio acústico, sólo acústico, no cabe batería, cabe sólo un timbal… (risas). Yo creo que ya a todos los grupos les pasa, que tienen varias posibilidades de formato porque cambian mucho las condiciones de un sitio a otro.

¿Qué idea tienes para esta gira de presentación del disco?

La idea es ir cerrando las fechas que más o menos nos vayan cuadrando. En directo no voy ni con Charlie [Bautista] ni con Javi [Vicente], que es una cosa que en su momento me pesó mucho, porque me dijeron que no podían hacerlo y no se podían comprometer si iba a ser una gira medianamente seria y frecuente. Entonces tuve que volver a buscar músicos y ahora voy con Martí Perarnau, Javi Carrasco y Ramiro Nieto. Me gustaría que esta formación fuera un poco estable. Contar con ellos. También eso es un condicionante. Es un millón de cosas que te van dictando un poco dónde ir y dónde no ir. Y sí que me gustaría que la gira fuera un poco medida en el sentido de que no fuera una cosa excesiva, que ya lo hemos hecho, de ir a todas partes. Que eso al final tiene un coste bastante grande, a muchos niveles. Así que vamos a ir seleccionando esos sitios a los que podamos ir todos y de una manera bonita.

¿Qué parte de culpa tienen Javi y Charlie en el nuevo sonido de Tulsa?

Pues yo creo que es fundamental. Lo bonito de la historia es que cuando trabajo con alguien me gusta que se note si estoy trabajando con una persona o con otra. También en ese sentido soy muy flexible y muy abierta a lo que me dicen los demás, porque me gusta que se note su huella. Javi, por ejemplo, que es la persona que ha estado a cargo de mostrarnos esas posibilidades más electrónicas, y el que dominaba más el tema de plug-ins y de sintetizadores, pues ha sido absolutamente clave. Otra cosa es que la decisión última siempre es un poco mía. Pero sin ellos estoy absolutamente segura de que el disco habría sido otra cosa diferente.

Imagino que también es diferente grabarlo en la casa-estudio de Javi a hacerlo en un estudio al uso, ¿no?

Pues totalmente, porque además cuando te vas a un estudio te vas dos, tres semanas, o un mes, con las canciones debajo del brazo y las grabas. Esto ha sido empezar a jugar con una canción, acabarla, luego la siguiente al mes… Eso ha sido, yo creo, parte de la creación del disco. Porque una canción alimentaba a la siguiente. Sin tenerlo muy claro, pero era así.  El tiempo y también el espacio. La casa de Javi, el espacio mínimo en el que estábamos; y los tiempos, que a veces yo creo que van en contra, pero esta vez ha sido al revés: han ido tejiendo el disco y creándolo en el mismo instante en que lo grabábamos.

El propio Javi, en su web, dice que el disco tiene “mucha luz”, ¿tú estás de acuerdo con esto?

(Risas) Pues… Bueno. Mucha luz. Lo de la luz es como muy simbólico, ¿no? La verdad es que el adjetivo luminoso era algo que salía bastante a menudo a colación. Las texturas y las sensaciones que íbamos buscando sí que era como… La idea es que fuera un disco muy sensorial y que más allá del contenido de las letras tuviera esa otra posibilidad. Un camino que yo nunca había experimentado, nunca había explorado, nunca había explotado. O sea, la cosa de que a base de sonidos y sintetizadores nuevos, a veces fríos, otras cálidos, te llevara a… Te estoy hablando, desde acordes mayores a, de repente, un instrumento como unas marimbas, por ejemplo, que nunca en mi vida había utilizado… Pero que estaban ahí, porque el ordenador te las ofrece, para crear esas sensaciones más de luminosidad o de (duda) experiencia positiva, si quieres. Es una especie de enlace al texto, pero que no domina al texto.

También he notado mucha ruptura en la cuarta canción del disco, Casa. Muy noise con una guitarra atronadora…

Eso es la idea primigenia de todo el disco. Esa idea prima en todas las canciones, aunque quizá en ésa esté más plausible. Pero realmente quizá sea la más orgánica, fíjate. Al revés que todas las demás, que quizá sean más de buscar plug-ins y sonidos entre una biblioteca infinita. Ésta quizá sea una guitarra con diez pedales que suena atronadora y una melodía muy pop. O sea, tú puedes hacer esa producción de una manera muy conservadora, en realidad. Pero aquí es: bueno, si la esencia es muy bruta, hagámosla como es realmente. Y,  al final, en el fondo es muy sencilla. Quizá sea la que más choca, pero a la vez sea la más clásica por cómo la hemos grabado. La grabamos con una guitarra y un bajo. Pero la guitarra tenía diez pedales y la voz está tratada para que se mezcle con esas texturas de la guitarra. Pero sí es verdad que como resultado final, pues choca, claro (risas). Porque es sucio, absolutamente, y muy brutal.

Aparte de la evidente referencia al cine de canciones como Los amantes del puente, veo este disco muy cinematográfico…

No especialmente. Es algo que siempre me han dicho. No sólo con ese disco, sino con otros anteriores. Quizá gente más relacionada con el cine me ha dicho eso: “Es muy cinematográfico, muy visual”. No ha sido una cosa consciente, sí que hay más referencias explícitas. No sólo Los amantes del Pont-Neuf, sino Los ilusos. Claro, yo cuando volví a Madrid y vi Los ilusos me voló la cabeza. Sí. (risas) Y fue una especie de: “Qué bien que estoy en este sitio”. Luego hay cosas que te suceden y dices: “Estoy donde tengo que estar”. Surgió con la película, con Jonás, y luego lo que ha venido después… Que el disco sea cinematográfico por sonido… No lo sé. Eso no te lo puedo contestar. Si a ti te parece, me parece genial y muy bonito; la verdad.

¿Te imaginabas que te ibas a encontrar la España que encontraste al volver?

Sí, porque estaba muy en contacto también. Claro. Estaba muy al tanto de lo que estaba ocurriendo. Y quizá encontrarme con Los ilusos fue… O sea, en la realidad más cercana, en mi entorno había bastante pesimismo. El discurso en general de la gente era bastante quejumbroso y en esta película había mucho lugar y espacio al optimismo. Mucha luz y un Madrid muy estimulante. Entonces me enganchó muchísimo, la verdad. Y le han acusado un poco como de demasiado idealista, que no estaba como muy en contacto con lo que estaba sucediendo, pero a mí me parece que lejos de ser escapista es idealista. Que no tiene nada que ver con el escapismo. Que está muy anclada a la realidad que son muy conscientes de lo que había, pero que siempre hay esa cosa de que hay espacio para seguir haciendo…

Vitalista.

Sí, bueno. Vitalista porque son gente que las circunstancias que tienen les permiten seguir haciendo. Y yo creo que a lo largo del tiempo, en este año que llevo ya aquí de vuelta, ese primer discurso tan crudo, como que se ha ido suavizando a nivel general. O es la sensación que yo tengo.

¿De dónde surge la idea de la portada del disco? ¿Tenías claro que iba a ser una ilustración?

En realidad, creo que estaba pensando más en Juan de la Rica que es el artista bilbaíno autor de la portada, que en el propio resultado. A mí,  su espacio, un universo así como onírico, un poco extraño, que te deja una inquietud a veces de que no sabes qué terrenos pisas, me gustaba. Entonces pensé en él más que en qué íbamos a hacer. Primero le contacté y le dije si le apetecía, luego le fui contando qué cosas me imaginaba yo y le fui mandando canciones… La verdad es que también pensé en utilizar una foto, así que no había una idea previa de que fuera una ilustración. Pensé más en Juan y en incorporar su universo al disco y a las canciones, que en la herramienta que él fuera a utilizar.

Hace unos días, coincidiendo con el lanzamiento del disco, te leí esto en Facebook: “Aún sabiendo que lo último que necesita el mundo es otro disco intrascendente, nos hemos entregado a él con el amor, el afán y la desesperación que sólo lo efímero puede despertar”.  ¿Es una declaración de intenciones?

(Risas) ¿Es una declaración de intenciones? No sé. Hombre, el disco es que en sí nace de la fe en lo que, en lo que… (duda) Pues al final, después de muchas pérdidas, lo que perdura es lo que tienes en ese momento en la mano. Lo que sabes que puede permanecer o se puede escapar, pero lo que tienes en ese momento. Entonces, aunque sea efímero das la vida. No es una declaración de intenciones, es que yo creo que el disco va muy por ahí. Muchas canciones hacen referencia a esa cosa que está aquí ahora, que es posible que se pierda, pero nunca tienes la certeza de lo incondicional, ¿no?

En otra de las canciones: Ay, dices que llevas años escribiendo la misma canción. ¿Llevas años escribiendo la misma canción?

(Risas) Sí, como Ozu [Yasujiro Ozu], (más risas) siempre la misma película. No, en el fondo, fíjate, la verdad es que me gustaría. Sé que no, pero hay algo muy bonito en el perseguir siempre esa misma cosa. Siempre, aunque no lo consigas. De hecho, conseguirla sería una putada. Pero hay una cosa bonita en perseguir esa canción esa cosa que uno haga, el oficio. Es como el ideal que persigues. Por ejemplo, en este disco yo veo que hay muchas irregularidades, que hay canciones que van por un lado, por otro… Como que yo misma me veo un poco perdida y que en el fondo me gusta esa gente que es como muy obsesiva. Que ve un camino clarísimo, y que lo persigue, y que siempre busca el mismo esquema, lejos de ser una repetición. Hay gente que lo repite porque lo han encontrado, pero es diferente. En cambio, hay otros con los que lo percibes, ¿no? Que no van a encontrar exactamente eso que buscan.

Cuéntanos cómo surgió la colaboración con Jonás Trueba.

Bueno, yo me fui con ellos a Francia, que es donde se ha rodado la película [Los exiliados románticos], desde Madrid. Hice Madrid, Toulouse, París, Annecy  y me fui con ellos porque yo tenía también la intención paralela de hacer una gira por Francia. Como ya nos conocíamos, y Jonás desde el principio ha estado muy al tanto de lo que iba siendo ‘La calma chicha’, porque yo le iba mandando canciones y había ahí una relación, me dijo inmediatamente que me uniera, sin tener muy consolidada la idea de la banda sonora.  Como que yo iba a tocar donde ellos recalaran. Entonces, como él también iba construyendo un poco la película a su manera, sobre la marcha, eso se fue convirtiendo en una especie de trato muy oficial y muy serio de: “Vale, pues haces la banda sonora”. (risas). A mí me asustaba muchísimo la idea, porque hacer una banda sonora me parece como algo complicado. Pero cuando volví, después de empaparme de todo el rodaje y las sensaciones que tenía como muy cercanas, me puse a asociar sonidos y yo le iba mandando fragmentos de cosas que me ha inspirado del viaje -que ha sido como muy alucinante y que volví como muy contenta de la experiencia de la película- y le sirvió. Milagrosamente le srivió. Es genial. Fue como una especie de magia que yo no esperaba. Le mandé como una serie de fragmentos que le funcionaron. De verdad que él también lo decía. Había fragmentos que encajaban. Yo no había visto la película cuando le mandé los trozos y él montó unas primeras maquetas que yo le había mandado y encajaban en duración, en secuencia… Bueno, una cosa increíble. Luego eso lo hemos grabado después con Charlie y con Javi en el estudio megaminúsculo (risas) de Carasueño y estoy como muy emocionada. Pero espero que no me lo pida otra vez, porque creo que no sería capaz de repetir (más risas) algo así. Creo que estas cosas son únicas en la vida.

Y después de una banda sonora y de haber protagonizado el corto Ignonauta, ¿el salto a la gran pantalla para cuándo?

Nada. Nunca. (risas). Son accidentes. Son puros accidentes, eso. Ignonauta salió porque yo sabía que tenía que hacerlo, como una especie de deuda conmigo misma. Pero nada más. Y lo de Los exiliados románticos me pilló así, un poco a contrapié.

4 comentarios en “Tulsa – La calma chicha

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