Song One

Song OneResulta muy oxigenante que intérpretes que ya han alcanzado el estatus de estrellas apuesten por películas pequeñas. Es, precisamente, en este cine poco ambicioso en el que parecen encontrarse más cómodos. Al menos esto es lo que quien suscribe ha experimentado con dos peliculitas de Anne Hathaway: La boda de Rachel y esta Song One que ahora nos ocupa. Cinta musical con etiqueta Sundance adherida en la solapa, la película es una suerte de drama familiar aderezado con unas gotas de música independiente y rodada en la siempre fotogénica ciudad de Nueva York. La poco convencional familia Ellis se ve sacudida por el accidente que sufre Henry, el menor de los dos hijos de Karen, una madre sobrepasada por los acontecimientos, a la que da vida Mary Steenburgen. Su hija mayor, Franny, regresa a casa desde su exilio voluntario en Marruecos para asistir impotente a como su hermano, músico callejero, está en coma en una cama del hospital. Todos estos elementos servirían a la perfección para un telefilm que nos abrigase una siesta en un fin de semana cualquiera, pero el encanto de Song One reside justo ahí, en alejarse de lo previsible. Aunque, no nos engañemos, tampoco estamos ante un peliculón inolvidable.

Por muchos motivos, Song One emparenta con otras películas recientes que mezclan drama, romance y música: Once y Begin Again. El encanto del debut en un largo de la realizadora y guionista Kate Barker-Froyland reside, amén de contar con Hathaway en el reparto, en integrar la escena musical neoyorkina dentro de su película con total naturalidad. Junto al personaje que da sentido al filme y lo aleja del dramón sensiblero, el músico James Forrester (Johnny Flynn), y la banda sonora compuesta por Jenny Lewis y Johnathan Rice, por la película desfilan músicos como Sharon Van Etten, Paul Whitty, Dan Deacon y Naomi Shelton, fiel relfejo de la vibrante y polifónica escena neoyorkina. Otro de los mayores logros de la película, si no el mayor, es no superar los 90 minutos. Flynn, al que veremos en un buen puñado de películas a lo largo de este 2015, consigue aguantarle el tipo a la Hathaway en la mayoría de las secuencias compartidas y aporta algo más que una cara bonita a todo este catálogo de bokehs del skyline de la Gran Manzana en que para muchos se quedará esta estimable película. Otro reflejo más de la alienación voluntaria a la que nos hemos rendido.

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