Valladolid Latino – Décimo Aniversario

Pablo Alborán - Valladolid LatinoPablo Alborán y Loquillo. Cada uno en su estilo, pero ambos encabezando el cartel de las dos jornadas en que se ha dividido la décima edición del Festival Valladolid Latino, celebrado en el patio central de la Feria de Valladolid los días 26 y 27 de junio. Un formato que certifica su caducidad y que, más allá de balances económicos, debería plantearse alternativas que consigan atraer al público vallisoletano a los eventos musicales que se celebran en su propia ciudad. Tan solo los clubes de fans de los artistas reseñados anteriormente lograron animar sendas convocatorias, con la más que previsible victoria por goleada a cargo de la legión de fans del cantante malagueño. Resultó decepcionante comprobar la escasez de público que acudió hasta el recinto ferial el viernes en el arranque de esta X edición del Latino.

Rock

La apuesta rock, con José María Sanz, Loquillo, al frente contaba con todas las papeletas de convertirse en un pelotazo. Rosendo; el hijo de éste, Rodrigo Mercado; Mikel Erentxun; y los locales Sharon Bates completaban un cartel en principio lo suficientemente atractivo como para congregar a un público mucho más numeroso que los apenas 500 esforzados que soportaron estoicos la calorina que se cernió sobre la capital del Pisuerga a primera hora. Una cifra de espectadores que se llegó a triplicar al llegar la última actuación de la noche, la de Loquillo.

Loquillo - Valladolid LatinoA gritos de “Loco, Loco” y con fanfarrias de emperador romano recibió el público a Loquillo y los suyos minutos después de las 23.00 horas. Con un repertorio más centrado en su penúltimo trabajo, ‘El creyente’, que en el reciente -pese a lo añejo de su contenido- ‘Código Rocker’. Un setlist casi calcado al desplegado una semana antes en el recinto ferial de la localidad madrileña de Tres Cantos, pero no por ello menos efectivo. Todo un tratado de actitud y dominio del espectáculo como puntos fuentes del barcelonés, que consigue enmascarar a la perfección el paso de los años. Más bien hace gala de esa nostalgia para insuflar alto octanaje a su repertorio con la versión de El hombre de negro, de Johnny Cash, Tatuados, El rompeolas, Feo, fuerte y formal o El ritmo del garaje. Todo ello para precipitar el delirio en el tramo final. Unos bises que no son tal, sino otro repertorio de idéntico calado con versión de los Burning incluida. Junto a Qué hace una chica como tú en un sitio como éste sonaron Rock suave, Quiero un camión, R&R Star y Cadillac Solitario. El delirio.

Valladolid LatinoLa poderosa actuación de Loquillo, el incombustible Rosendo y un revitalizado Mikel Erentxun lograron hacer vibrar al público de la primera jornada festivalera. “¿Cuece o no cuece?”, se preguntaba en voz alta Rodrigo Mercado al inicio de su actuación. El de Carabanchel se dirigió apenas un par de veces más al escaso público que se guarecía en la zona de sombra. “Está la cosa un poco fría. ¡Quién lo diría!”, bromeó antes de atacar -ironías de la vida- Astro Rey, uno de los nueve temas que interpretó sobre el escenario pucelano. Mercado desgranó la mayoría del repertorio incluido en su álbum de 2013 ‘Puntualmente demora’, ocho temas a los que sumó ya en el tramo final de su actuación El alma se colma, canción de 2012 que compuso e interpretó en el álbum paterno ‘Canciones para normales y mero dementes’. A su reggae castizo le había precedido el rock sin complejos de los locales Sharon Bates. El bochorno y los más de 30 grados que pegaban de lo lindo no fue impedimento para que los incondicionales de la banda de Cristian González coreasen sus canciones. Pierde el control, Lipstick rojo y Simsiri sonaron con fuerza, pero su refrescante sonido no logró imponerse al caloret. Tan solo el guiño final a Toro, el clásico de El columpio asesino hizo despertar a los amodorrados que, bebida en mano, iban tomando posiciones a la sombra. Harina de otro costal fue el tramo final de la noche.

Mikel Erentxun - Valladolid LatinoA medida que los rayos de sol remitían, el público comenzó a llenar el patio central de la Feria. Numerosos seguidores del rockero catalán se paseaban por el puesto de merchandising al filo de las 21.00 horas. Era fácil reconocerlos, porque, si no todos, la inmensa mayoría vestía prendas con el emblema del Pájaro Loco bordado sobre el corazón. Seguidores que en cuanto la sombra del recinto cobijó la valla de la primera fila se fueron congregando frente al escenario para disfrutar de Mikel Erentxun y los suyos. Un cuarteto clásico con el donostiarra flanqueado por dos pesos pesados como Joseba Irazoki, a la guitarra y Fernando Macaya, al bajo y que completaba el no menos contundente batería Carlos Arancegui. La formación alternó temas de ‘Corazones’, el último trabajo de Erentxun, con clásicos de su carrera, tanto en solitario como con Duncan Dhu. Así sonaron A un minuto de ti, Mañana, En algún lugar, El hombre que hay en mi, Un corazón llamado y Si te vas, entre otras, para cerrar -casi en acústico- con el clásico Cien gaviotas.

El público alborozado continuó disfrutando con Rosendo, quien cada año que pasa está más en forma y más a gusto en su lugar natural: encima de un escenario. Tanto, que se le quedó pequeña la hora de bolo prevista y tuvo que recortar repertorio. No sonaron Pan de higo ni Agradecido por falta de tiempo, pero sí lo hizo una nutrida colección de himnos del rock patrio a cargo del trío, que por momentos recordó a Leño. No en vano sonaron ¿De qué vas? ¡Quincalla o no! Maneras de vivir y El tren, “una canción que tiene más años que la luna”, tal como confesaba el propio músico antes de certificar que se había quedado buena tarde. “Hace cojonudo. Sí señor”. Genio y figura. Porque a Rosen, a quien desde las primeras filas las más entregadas le gritaban “guapo, guapo” al tiempo que a él le daba la risa, no le hace falta más que unos vaqueros gastados y una camiseta para saltar al escenario, enfundarse su guitarra y tocar. Disfrutar y transmitir esa comodidad sobre las tablas a un público entregado.

Pop

Pablo Alborán - Valladolid LatinoEntrega e histeria es lo que se podía percibir en las primeras filas segundos antes de que saltara al escenario Pablo Alborán. Pasaban diez minutos de las 23.00 horas del sábado cuando el artista malagueño hizo acto de presencia. La cálida noche pucelana subió varios grados el mercurio con su aparición. Gritos de sus seguidoras, muchas de las cuales habían hecho noche a las puertas del recinto ferial, que llevaban casi cinco horas a pie quieto pegadas a la valla. Apenas a cinco metros de su ídolo. Alborán, todo un experto ya en arrancar vítores y aplausos, dirigía miradas a esas primeras filas para incendiarlas. Jóvenes y no tan jóvenes (el acceso de los menores de 16 años al recinto debía realizarse en compañía de un adulto) habían estado al borde del desmayo varias veces a lo largo de la tarde.

Valladolid LatinoPor eso agradecieron el agua que la organización les hacía llegar desde el foso, casi tanto como la salida de Alborán. La espectacular puesta en escena de la Gira Terral dejó boquiabierto al respetable. Una explosión de luz y sonido para acompañar sus primeros bailes junto al resto de la banda. Bastó un escueto “os he echado de menos, Valladolid” para que la emoción se desbordase. “Esta noche soy vuestro”, y para qué contar. Poco o nada importaba ya la interminable espera. La fiesta se prolongó hasta cerca de la una de la madrugada. Para entonces, Alborán había repasado ‘Terral’, su último álbum, casi al completo dejando para el primer bis la archiconocida Sólamente tú.

India Martínez - Valladolid LatinoY si la noche del sábado fue coto privado del malagueño, la tarde se la repartieron entre su paisana Vanesa Martín y la cordobesa India Martínez. Ritmos flamencos, voz y sentimiento para tratar de mitigar el sofocante calor. El animado repertorio de India Martínez recordó en algunos pasajes al de las orquestas que recorren la geografía patria en estas fechas estivales. Medley incluido. Cómo hablar, de Amaral; Nunca el tiempo es perdido, de Manolo García; Si tú no estás, Rosana; Suerte, de Shakira; y Canta corazón, de Alejandro Fernández. Lástima que el ambiente festivo no se tradujera en un mayor trajín de camino a las barras. ¡Con lo que había costado encontrar un buen sitio a la sombra! La cordobesa presumió de vozarrón a lo largo de su repertorio en el que no pudieron faltar Olvidé respirar y Vencer al amor. Tampoco dejó pasar la oportunidad de compartir escenario con Vanesa Martín, junto a la que interpretó 90 minutos. Martín había hecho lo propio minutos antes durante su show al invitar al argentino Axel a cantar a dúo Casi te rozo.

La malagueña había elevado el listón que dejaron tanto el local Raúl Olivar y su esforzado combo de flamenco fusión y el gaucho. Axel le puso ganas, pero a duras penas logró conectar con el público vallisoletano mientras interpretó Te voy a amar, ¿Y qué?, Amo, Tu amor por siempre o Somos uno. Vanesa Martín centró su repertorio en Crónica de un baile. Un show muy dinámico en el que interactuó constantemente con el público, al que logró arrancar los primeros vítores con solo nombrar a su paisano, Pablo Alborán. Frenar enero, Polvo de mariposas, Ropa desordenada y Sin saber por qué, para terminar el show y dejar el camino allanado al fenómeno fan al filo de las 22.00 horas. Las casi tres horas siguientes, sólo aptas para iniciados, sirvieron también para conocer los datos oficiales de asistencia al festival. 2.500 personas, el viernes y 5.100, el sábado. Pocos pulmones para soplar las velas en este décimo aniversario.

Galería fotográfica del Festival Valladolid Latino a cargo de María Parra Serrano, en flickr.

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