Hackeando Mr. Robot

Mr. RobotPese a contar con un buen puñado de series en antena desde hace décadas, la cadena de televisión estadounidense USA Network no había destacado hasta la fecha por la originalidad de sus propuestas. Sin embargo, la irrupción en la parrilla de Mr. Robot ha supuesto un cambio en las reglas del juego. Un producto que engancha y trata temas que realmente importan a gran parte de la sociedad —no solo estadounidense— tal como se desprende del vigoroso arranque de su episodio piloto: «Lo que estoy a punto de decir es alto secreto. Hay un grupo poderoso de personas ahí fuera que dominan el mundo en secreto. Hablo de tipos de los que nadie sabe nada. Tipos que son invisibles. El 1% del top del 1% del top. Tipos que juegan a ser Dios sin permiso. Y ahora, creo que me están siguiendo». El protagonista de la serie es Elliot Alderson, un asocial técnico de cyberseguridad que en sus ratos libres se descubre como un hacker de cuidado dispuesto a alterar el orden de las cosas siguiendo su peculiar escala de valores y percepción de la ética. Y llegados a este punto y teniendo en cuenta que no todo el mundo es un geek ni posee los conocimientos necesarios para moverse con soltura en el denso bosque de ceros y unos: ¿por qué debería de interesarme por una serie así? Porque Mr. Robot casi nunca es lo que parece. Estamos ante un producto televisivo que huye de los convencionalismos, que disfruta saltándose las normas del medio y que —repleta de interesantes y esclarecedoras referencias culturales— juega con el espectador desde el primer minuto. Así que si sin ser un ‘nativo digital’ fuiste adolescente en los 80, asististe al nacimiento de las principales megacorporaciones que hoy en día dominan el tecnificado mundo en que vivimos o bien eres un fanático de todo aquello que huela a contracultura: estás ante la serie del año.

Mr. RobotElliot (Rami Malek) es el verdadero —y quizá único— protagonista de la serie. La interpretación de un inestable vengador cibernético por parte del actor californiano es perfecta. Lejos de resultar cargante, el fenomenal catálogo de recursos faciales de Malek, repleto de tics, y su inescrutable mirada definen a la perfección a un personaje altamente voluble y propenso a desmoronarse en cualquier momento. La compleja trama que une a Elliot con el cyberterrorismo a través del personaje que da nombre a la serie, Mr. Robot (Christian Slater) es otro de los puntos fuertes de la ficción televisiva. El espectador deberá discernir entre aquello que está sucediendo en realidad y eso otro que procede de la alucinada mente de Alderson. Todo ello entremezclado con las visitas a su psiquiatra, las relaciones con su ex, el novio de ésta, su jefe (todos ellos trabajando en la misma empresa de seguridad, AllSafe), su vecina, el traficante que la abastece de sustancias, algunas de las cuales consume Ellliot de manera voraz. Y por si no tuviéramos suficiente con estos elementos para hacer avanzar la acción, también nos encontramos con una subtrama centrada en Tyrell Wellick (Martin Wallström), un hombre hecho a sí mismo que aspira a controlar E Corp, la maligna corporación que Mr. Robot, Elliot y el resto de los integrantes de FSociety (el grupo de hackers que guarda ciertas similitudes con Anonymous) quieren destruir. ¿Complicado? Ya veréis como no.

Mr. RobotEmpecemos por lo evidente, Elliot —¡qué mejor homenaje a los 80!—viste siempre que puede ropa oscura y sudadera con capucha. Su doppelgänger en la serie, Tyrell Wellick, siempre viste impecable aunque carece de reacciones emocionales y parece empeñarse en negar su existencia humana; al igual que sucedía con los replicantes creados en los laboratorios de la Tyrell Corporation, en Blade Runner. Pero, prosigamos nuestro paseo cinematográfico por los años 80 y 90. En 1987, Oliver Stone escribió y dirigió Wall Street, película que—entre otros premios— le valió a Michael Douglas el Oscar por su interpretación del tiburón de las finanzas Gordon Gekko. Codicia, honor, lealtad, drogas, figura paterna, éxito a cualquier precio… Todos estos elementos se daban cita en este guion que sirvió para ejemplificar la cultura del pelotazo ochentera. Unos años más tarde, en 1993, Tony Scott dirigía Amor a quemarropa (True Romance), una violenta road movie de un casi desconocido Quentin Tarantino en la que Clarence Worley (¡qué curioso!, de nuevo Christian Slater), un solitario dependiente de videoclub amante del cine de artes marciales de Sonny Chiba, se enamora de la prostituta Alabama Withman (Patricia Arquette) y a costa de un maletín repleto de droga ambos tienen que vérselas con un grupo de gangsters comandado por Christopher Walken. Ah, con una particularidad; Clarence tiene en Elvis Presley (Val Kilmer) a la voz de su conciencia, una especie de figura paterna que le ayuda a resolver las situaciones a la que la improbable pareja debe enfrentarse a lo largo de la película. Y una última parada al final de la década. Estamos en 1999 y el realizador David Fincher ha decidido adaptar a la pantalla grande la famosa novela de Chuck Palahniuk, El club de la lucha. Coja el lector este cóctel cinematográfico, sacúdalo con unas gotas de Los Soprano, The Matrix, La ventana indiscreta y Sospechosos habituales y voilà!

Mr. RobotLa producción de Sam Esmail está repleta de detalles de buen gusto. Y no solo lo decimos por la verosimilitud de las secuencias de hackeo, el lenguaje empleado por los hackers o las situaciones que se plantean dentro de la serie. Amén de las referencias cinematográficas —que se presentan como guiños cómplices hacia el espectador ansioso de claves que descifrar—, la serie de Esmail contiene incontables referencias culturales que marcaron la adolescencia de millones de espectadores —sirva como ejemplo los títulos de los cd que ‘tuesta’ Elliot—. Además, este reclamo vintage sirve para enganchar a las nuevas generaciones de espectadores incitándoles a descubrir a clásicos como The Cure, Talking Heads o Portishead. Aunque no todo es idílico en esta serie. El buen ritmo de los capítulos iniciales (todos ellos de una hora de duración) se resiente en el ecuador de la serie. Tras el muy revelador cuarto episodio la serie comienza a alargar innecesariamente su conclusión con alguna trama paralela que no hace sino distraer la atención de lo realmente importante. El segundo tramo de esta primera temporada (¿aguantarán los devotos seguidores el tan cacareado cliffhanger?) se enfanga de manera innecesaria con episodios de 45 minutos que parecen dispuestos para retrasar el ‘sorprendente’ giro que toman los acontecimientos en este final de temporada (salpicado de manera inesperada por una fatídica coincidencia). En conjunto, nos encontramos ante una refrescante propuesta para disfrutar a lo largo de las noches estivales, que si nadie lo remedia puede convertirse en la serie revelación del año.

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Un comentario en “Hackeando Mr. Robot

  1. yo veo otro homenaje también, el que hacen a American Psycho en el personaje de Tyrell :). Por lo demás, me está encantando la serie aunque me pilla medio dormida y creo que me pierdo cosas :).

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