Jessica Jones

Jessica JonesQue lo mejor de una serie sobre una superheroína de los cómics sea, precisamente, todo lo que no tiene que ver con sus superpoderes es un gran acierto. Sí, porque Jessica Jones (Netflix, 2015) es uno de los más cuidados productos televisivos dirigidos al público adulto de los últimos años, pero ni rastro de efectos especiales deslumbrantes, espectaculares secuencias de acción, trajes, gadgets, etc. En ese sentido, Jessica Jones es la antítesis de lo chic. A Dios gracias. Sus bazas están en los guiones y en las interpretaciones de sus actores protagonistas. Pocas veces un producto de estas características consigue dotar de profundidad tridimensional a los personajes sacados de las páginas del cómic en que se basa. Ya ocurrió con la igualmente —aunque por otros motivos, que deberá refrendar en su segunda temporada— excelente Daredevil, también de la misma cadena. Otro de los méritos de este producto televisivo es su amor por el riesgo. Bajo su apariencia de subproducto enganchado al vagón de cola de la febril locomotora marvelita traquetea un encomiable afán didáctico dirigido al gran público. Porque, no nos engañemos, por mucho que Jessica Jones pueda parecer tan solo un spin-off más dentro del universo cinemático procedente de la inagotable cantera del cómic, la serie sabe jugar sus bazas. Y no son pocas. ¿Didáctica? Claro que sí. ¿Dónde si no, audiencias de toda raza, edad y condición social pueden ver un alegato tan directo y fundado contra el maltrato? Cierto que la serie está dirigida al público adulto, pero eso no quiere decir que los millones de fans de Marvel no vayan a verla. Tal vez el primer episodio haga desistir a un buen puñado de estos, pero aquellos que se queden y prosigan su visionado descubrirán algunas situaciones y personajes que aterrorizan de puro familiares. Ojalá todos esos jóvenes aprendan algo al verlo. Al menos a identificar una agresión sexual, un maltrato psicológico o una situación de dependencia (emocional o física). Identificarlo para así poder prevenirlo y/o denunciarlo.

También es de agradecer que por una vez se nos presente con total normalidad a un amplio abanico de mujeres que desempeñan cargos de responsabilidad, al igual que ocurre con la manera de afrontar y enfocar las relaciones (personales y sexuales). Esa naturalidad puede resultar incómoda para algunos espectadores acostumbrados a estilizadas puestas en escena y personajes de cartón piedra; sin embargo, en esta ocasión, las motivaciones personales son el leitmotiv de la serie. Otro punto a favor de su puesta en escena es la arriesgada forma de hacer más evidente la angustia existencial de la protagonista principal. Inteligentes encuadres que postergan a Jessica Jones (una muy sólida y convincente Krysten Ritter) a un segundo plano y la someten a sus condicionantes (extrínsecos e intrínsecos). Esta es su kriptonita, su dantesco infierno concéntrico; y los espectadores lo sabemos desde un primer momento.

Como también desde un principio somos conscientes de que esta antiheroína de saldo, incapaz de llegar a fin de mes, que usa un móvil android y un portátil de menos de 300 €, se va a instalar para siempre en nuestros corazones. En ese primer instante no somos sabedores de ello, pero poco a poco su obstinada perseverancia irá calando en nosotros. Hasta el punto de modificar nuestra percepción de la realidad y —como si hubiésemos caído en las garras de su archienemigo Kilgrave (soberbio David Tennant)— adaptarla a sus motivaciones. Esa infatigable apuesta por la esperanza (real y figurada) que acabará por testear nuestra resiliencia. Porque cuando parece que eso es todo lo que nos queda, una nueva vuelta de tuerca pondrá a prueba nuestra capacidad de mantenernos enteros. En el fondo, ese es el mayor superpoder de Jessica: no llegar nunca a romperse del todo. Algo que irónicamente ella misma le confiesa a su amante en el primer episodio y que cobra un sentido mucho más trascendente a medida que devoramos capítulos hasta ese impactante clímax final.

Quizá por eso, otra de sus mayores bazas está en la ambivalencia. Tanto la que rige los comportamientos de sus personajes como la que su visionado provoca en el espectador. A lo largo de los trece episodios que conforman esta primera temporada hay espacio suficiente para empatizar con unos y otros. Héroes y villanos. No tanto para entender o justificar dichas motivaciones, pero sí para conocerlas y que todas ellas confieran una mayor hondura moral a protagonistas y antagonistas. Con al menos cinco tramas simultáneas circulando por delante de nuestros ojos, interconectándose y resolviéndose cada una a su ritmo, es un verdadero alarde de guion conseguir mantener la tensión y que nada chirríe en exceso o parezca un innecesario relleno.

Por contra, resulta algo forzado que estas tramas paralelas deban llevar siempre aparejado a otro superhéroe menor en ciernes. Ya sea el caso de ese Capitán América de segunda mano llamado Nuke o el de Hellcat —Gata infernal para los lectores de tebeos en castellano—. Agradable recuperar a actrices como Carrie-Anne Moss y Rebeca De Mornay, así como descubrir a Mike Colter (Luke Cage), quien tendrá su propia serie en 2016, antesala de Los Defensores. Pero esta ya es otra historia.

 

Un comentario en “Jessica Jones

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