Los Marcianos – Una Tormenta de Canciones de Amor a Quemarropa

Los Marcianos - Una Tormenta de Canciones de Amor a QuemarropaSorprende encontrar en los tiempos que corren un grupo que ofrece en su disco todo aquello que promete en la portada. Eso es precisamente ‘Una Tormenta de Canciones de Amor a Quemarropa’ (Clifford, 2016) tercer trabajo del trío vigués Los Marcianos. Un disco fresco y directo, que bajo la envoltura del pop despreocupado hace honor a su título. Melodías que recuerdan al britpop noventero, pero repletas de multitud de influencias que por momentos alcanzan el shoegaze y letras que remiten a los mejores tiempos de La Movida ochentera. Un álbum que a lo largo de sus doce canciones alterna luces y sombras, nubes y claros. Todo muy gallego. Editado en Clifford Records, este tercer trabajo de la formación —que se inició como dúo hace ya una década y aspira a volver a ser cuarteto para atronar en directo—ha contado con la producción y la complicidad del madrileño Carlos Hernández (Los Planetas, Cooper, Triángulo de Amor Bizarro). El disco se grabó la primavera pasada en los pontevedreses estudios Litium y le ha servido a la banda para ampliar su paleta sonora y amplificar su sonido para pasar a convertirse en una de las propuestas más interesantes del año.

Próximos conciertos:

27/05/2016 LA IGUANA CLUB  / VIGO. Satvigo Festival. Tickets: 5€

Los Marcianos © César González Barros

Ibán Marciano: «La palabra indie está un poco desvirtuada, hasta el punto de llegar a ser ridícula»

¿Quiénes sois y a qué os dedicáis cuando no estáis encima de un escenario Ibán, Víctor y Abel?

Somos un grupo de pop, que nos gusta hacer canciones bonitas y disfrutar de todo lo que nos proporciona la música. Fuera del escenario tenemos vidas bastante ocupadas también. Víctor y Abel (que son hermanos) tienen una tienda de instrumentos musicales, dan clases, Víctor es técnico de sonido y está estudiando lutheria, Abel estudia en la universidad y en el conservatorio… Y yo [Ibán] me dedico al marketing, tengo un programa de radio, me gusta hacer deporte también.

Empezasteis como cuarteto, pero ¿este tercer disco es vuestra confirmación como trío?

La verdad es que, tras la salida de la banda de nuestro anterior guitarrista, Alejandro Cabezas, siempre hemos tenido en mente incorporar a uno nuevo, pero nos lo hemos tomado con calma. El disco lo hemos grabado como trío, pero ya para la gira incorporaremos a un guitarrista nuevo con el que ya estamos ensayando. Nos gustaría confirmarnos como cuarteto.

Iba a decir trío de power pop, que parece que es la etiqueta que mejor se ajusta a vuestra formación, pero después, escuchando los doce cortes del disco, vuestra paleta sonora se expande muchísimo. ¿No os dio miedo llegar a descolocar a la audiencia con tantas influencias condensadas en vuestras canciones?

La verdad es que lo de descolocar a la gente es una de las cosas más divertidas, creo que hay varias etiquetas que podrían ajustarse a lo que hacemos, power pop, noise pop, indie pop… Algo de shoegaze, no sé. Como bien dices, según la canción se podría englobar dentro de una etiqueta diferente, pero preferimos eso a hacer doce canciones que suenen parecido porque los discos que suenan todas las canciones iguales terminan aburriéndome. Tampoco queremos que las etiquetas nos limiten y no les damos mucha importancia. Al final todo tiene cabida dentro del mismo universo.

Entre los diversos estilos y temáticas se percibe un poso beatnik, pero también hay ecos mod, britpop y —obviamente— mucha movida viguesa. ¿Qué ha pesado más en toda esa mezcla?

Realmente hemos querido sonar a muchas cosas pero sin cerrarnos a otras, quiero decir, la idea era sonar a Lemonheads, Jesus And Mary Chain, The Wedding Present, pero por ejemplo, canciones como Extraterrestre, que nos pedía llevarla a un rollo más mod, pues la hemos llevado por ahí. No sé, el britpop está muy presente también porque somos muy fans de Oasis, Cast, Charlatans… También incluso algunas veces podemos acercarnos un poco al punk, como en Mississippi… Pero es que en realidad en la historia de la música, conceptos como el mod o el beatnik estaban presentes también en el britpop… Es un poco difícil de definirlo. Y sí, en lo que es el esqueleto de la canción está muy relacionado con el pop divertido de los 80, no solo de Vigo, que no creo que tenga un sonido específico, sino también de Madrid. El peso puede ser a un 50%, porque aunque los arreglos y la producción pueden ir al britpop o al noise pop, lo que es la canción en sí, es de pop divertido.

¿Cuál ha sido la importancia de contar con Carlos Hernández (Los Planetas, Triángulo De Amor Bizarro) como productor en este disco a la hora de definir vuestro sonido?

Ha sido fundamental, ha entendido perfectamente lo que estábamos buscando y ha sido un placer trabajar con él. Es un profesional increíble y que sabe muchísimo de música. Nos hemos entendido muy bien además, porque somos fans de los mismos grupos y tenemos una forma de ver la música parecida. Estábamos seguros de que iba a ser el productor ideal para este disco y creo que lo ha sido.

En este sentido, se perciben como dos partes bien diferenciadas en el disco. Seis primeras canciones más luminosas y desenfadadas y otras tantas más oscuras y enfadadas. ¿Responde esa selección a ese juego continuo que se da en el álbum luz/oscuridad, jekyll/hyde?

Sí, el orden es el mismo. La verdad es que como sabíamos que no nos íbamos a poner de acuerdo le pedimos a Carlos Hernández que lo hiciera él, por lo que el orden es cosa suya. Pero sí, básicamente el disco tiene una parte más luminosa, de canciones rápidas como Un Tren a San Francisco, 220, La Bomba y otro más oscuro y más denso, como Los Vientos de Santa Ana, Pauline… Creo que está guay esa mezcla, porque en doce canciones es importante que haya dinamismo y que el disco te cuente cosas diferentes. Y por otro lado, imagino que tenemos esas dos vertientes y unas veces no salen canciones más pop y otras , más serias.

Hablábamos antes de la influencia de diversas corrientes y estilos en vuestro sonido. También hay un punto nihilista en vuestras letras. ¿Tener inquietudes culturales es cada día más propio de ‘marcianos’?

Sí, la verdad es que todo el mundo nos dice que parece que siempre estamos enfadados con el mundo (risas). No sé por qué me salen siempre las letras así, hablando de malos rollos, imagino es porque es nuestra manera de ver el mundo. Sí, la verdad es que la cultura es cada vez una cosa más de minorías.

«Masacre sangrienta en La Iguana, consulta la prensa mañana». ¿Cuánto de postureo y de vacuidad hay entre lo presuntamente indie?

Creo que la palabra indie está un poco desvirtuada, hasta el punto de llegar a ser ridícula. Hay una industria que no llega económicamente al nivel de las multinacionales que ha encontrado en la etiqueta una industria más pequeña e igual de superficial. A veces entro en Spotify y escucho una lista de lo que ellos proponen como indie y no encuentro ni una sola canción que me guste ni que se ajuste a lo que yo entiendo como indie. En esa canción [Consulta la prensa mañana] hablamos de matar a todos los indies en un crimen pasional, pero realmente sí que creemos que es absolutamente artificial el indie de Kings Of Leon.

Aunque en vuestras letras tocáis temas universales desde una perspectiva local o muy particular, también hay una ausencia de trascendencia, como de no querer tomaros demasiado en serio a vosotros mismos. ¿Hay que tirar de retranca para mitigar las ganas de salir a la calle y quemarlo todo?

Sí, realmente es una cuestión de filosofía, no nos tomamos la vida demasiado en serio. Canciones como Odio, que en realidad no es más que una forma de mandar a la mierda al mundo en una mañana que te has levantado de mal humor. Gina se va a Londres, en la que frivolizamos con el suicidio… Cierto es que tampoco me gustan mucho las letras demasiado trascendentales. Me resultan muy aburridas, a no ser que seas Rafael Berrio que puede hacer una letra planteándote conceptos existencialistas que te se te caen los cojones al suelo, pero, por lo general, me gustan las letras más triviales. Lo cual no quiere decir que no cuidemos la forma e intentemos que sean algo poéticas.

Nos hemos pasado años criticando que siempre sonaba lo mismo en las radios. Ahora, gracias a los podcast y las redes sociales el público tiene un abanico enorme de plataformas a través de las que acceder a grupos, estilos… ¿Cómo ves todo esto desde tu doble faceta: como músico y también como responsable del programa de radio ‘La niña que odia a Blur’?¿Resulta complicado hacerse oír dentro del panorama musical actual?

Resulta muy difícil hacerse oír, pero es que el problema es que en la mayoría de los podcast también suena lo mismo. En mi caso, que me gusta mucho escuchar la radio y podcast, pocos son los programas en los que encuentro cosas que me gustan, sobre todo en la radio. Y en ‘La Niña que odia a Blur’ lo que intento es eso, descubrirle a la gente grupos de calidad, sin preocuparme las tendencias, lo que está de moda o lo que suena en los festivales, canciones que, en muchos casos, no escuchas en ningún otro programa. Pero sí que es cierto que me gustaría escuchar programas como ‘Dimensión Pop’, ‘Plástico Elástico’ o ‘La Merienda’ en alguna radio nacional que lo que propone me resulta muy aburrido.

 

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