Luke Cage

Luke CageLuke Cage yerra el golpe. La adaptación a la pequeña pantalla de las aventuras del antihéroe afroamericano Carl Lucas, también conocido como Power Man, por parte de la cadena Netflix llega en el mejor peor momento posible. Porque lo hace en 2016, 44 años después de la aparición del primer número del cómic en que se inspira, en medio del tenso clima social en el que está sumida la sociedad norteamericana tras el aluvión de muertes de ciudadanos negros por parte de la policía en circunstancias controvertidas. La reivindicación de un héroe de alquiler que viste una —casi siempre agujereada— sudadera con capucha en su búsqueda de la justicia por las calles de Harlem llega justo a tiempo, eso es cierto; pero no confundamos oportunismo con acierto. Luke Cage es una serie ramplona, con una narración atropellada, interpretaciones que dejan frío y un regusto final a producto fallido e hipertrofiado. Y no lo es por falta de ambición, sino por su empeño en tomarse demasiado en serio a sí misma ya desde el primer episodio. Una serie hecha por y para la comunidad afroamericana, que busca reivindicar su historia y homenajear a figuras clave que no sólo dan nombre a sus calles y parques, sino que despertaron conciencias. Por ello chirría la inclusión casi con calzador de este tipo de referencias en una trama plana y repleta de tópicos.

Trece episodios de los que más de la mitad son prescindibles para narrar una historia mil veces vista en el cine de acción de serie B de la Cannon, esto es: la eterna lucha entre el héroe y el villano de turno que se va postergando capítulo a capítulo hasta que acontece ‘la gran batalla final’. Solo que aquí el villano tiene tan poca enjundia que en lugar de uno son cuatro y la pelea deja mucho que desear. Eso sí, a lo largo de todo el producto se rinde cumplido homenaje al género blaxploitation (banda sonora incluida), aderezado con topicazos llegados del cine de Spike Lee (Do The Right Thing), John Singleton (Shaft) y Ryan Coogler (Creed). Incluso comparte escaques con la notable Fresh (1994), película que supuso el debut en la dirección del guionista Boaz Yakin, responsable de la primera adaptación a la gran pantalla de otro antihéroe marvelita, The Punisher. Del mismo modo, rechina el aire a The Wire (palabras mayores) que la serie pretende alcanzar en su ecuador. Todo se diluye como un azucarillo cuando se destapa que el verdadero interés de los guionistas no es otro que alargar el producto hasta más allá de los ocho episodios. Más que suficientes para lo que aquí se nos narra.

Misty NightAunque lo más decepcionante de todo es la ausencia de personajes de una pieza. Sólidos. Algo que se podría esperar de una serie que tiene como protagonista a un expresidiario transformado en arma letal a prueba de balas en un rocambolesco intento de alcanzar la inmortalidad a través de una serie de experimentos llevados a cabo en la prisión de alta seguridad de Seagate. Mike Colter, el actor que da vida a Cage, hace lo que puede con un personaje excesivamente plano. Pero esta es la misma cruz que deben soportar sus compañeros de reparto. Sirva un ejemplo, uno de los amigos del héroe y gran aficionado al ajedrez se llama Bobby Fish…😉 Nombres consagrados, como la veterana Alfre Woodard (Mariah Dillard) naufragan a la hora de dotar de credibilidad a sus interpretaciones. Todos, o casi todos, son estereotipos —llegándose incluso a desvirtuar el personaje del tebeo en que se inspiran— que se comportan de manera harto predecible. Algo que ya se intuye que va a protagonizar el tono general de la serie con solo ver los dos primeros episodios («Always. Forward»). Por contra, y en el apartado positivo, también en estos capítulos iniciales se nos descubren dos nombres que darán mucho que hablar en los próximos meses: Simone Missick (Misty Night) y Mahershala Ali (Cottonmouth). Luke Cage es una serie fallida, carente de pegada, que promete mucho más de lo que después ofrece y que sólo sirve para presentarnos a un puñado de personajes que volverán a aparecer en los —ya confirmados— proyectos venideros de la cadena Netflix: Puño de hierro (Iron Fist) y Los defensores.

Un arriesgado giro de tuerca en la apuesta televisiva que parece dirigirse al entretenimiento puro y duro carente de la profundidad narrativa presente en otros títulos tan notables como Daredevil y, sobre todo, Jessica Jones. De nada sirven reclamos como los que aluden a la necesidad de que ‘por fin’ un negro con capucha sea el héroe de la historia y no el criminal si no se justifican sus acciones violentas más allá de la pirotecnia cinematográfica. Del mismo modo, las presuntas vindicaciones femeninas a través de no menos de media docena de personajes con distinto peso a lo largo de la historia sólo responden a la necesidad de cubrir todos los flancos y poder articular un discurso tan pobre como el que, para sonrojo de los amantes del rap, se marca toda una leyenda como Method Man en el penúltimo episodio de la serie. Una lástima, desnaturalizar un discurso tan poderoso y necesario como el que se encuentra detrás del —por desgracia, muy real y aterrador— movimiento Black Lives Matter.

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