León Benavente + The Gift: Fiesta del Marisco 2016

Existe una fina línea que separa la rabia contenida de la explosión violenta. Un camino de ira que Abraham Boba, el álter ego musical del vigués David Cobas Pereiro, recorre al borde del precipicio en cada concierto de León Benavente. Algo que apenas se comenzaba a atisbar en los primeros bolos del supergrupo, allá por 2013, en los que Boba sacudía sus teclados tratando de hacerlos gritar hasta que estallasen las negras. Ahora, tres años después, es él quien está a punto de saltar en pedazos sobre el escenario. Como si se tratara de un predicador apócrifo, Boba arenga al público canción tras canción coreado por sus acólitos sobre las tablas: unos enormes César Verdú (batería), Luis Rodríguez (guitarra) y Edu Baos (bajo y teclados). Es tal la contundencia del cuarteto en escena que el espectador es incapaz de apartar la mirada de lo que en ella sucede a lo largo de casi una hora. Así ocurrió de nuevo el pasado sábado en el recinto ferial de O Grove. En una improvisada carpa instalada junto a la praza do Corgo de la localidad pontevedresa. Apenas pasaban un par de minutos de las once de la noche cuando comenzaron a sonar los primeros acordes de Tipo D, tema con el que el cuarteto arranca los bolos de este su segundo álbum.

León BenaventeDesde ese instante y hasta la medianoche, ni un respiro. La trepidante base rítmica de la banda, atronando en la ría. Con Edu Baos erigido en francotirador incansable, con sus cuatro cuerdas apuntando a un Luis Rodríguez, cuyos dedos volaban por los trastes, y que trataba de seguir el frenético ritmo que Boba insuflaba no solo a sus teclas, sino también a sus palabras. Proclamas incendiarias que destilaban efluvios nocturnos en la cuna del Albariño y algo más. Gasolina de alto octanaje que dilata las pupilas y sería capaz de encabritar un Ferrari. O de encabronar a quien, micrófono en mano, recorre las miserias de un país que se viste de domingo para asistir cada día a su propio funeral. Así suenan ‘los leones’. Rugen desencantados y combativos, pero también festivos. Bromean sobre las tablas. Dan rienda suelta a sus excesos bajo la atenta mirada de sus backliners, quienes el sábado tuvieron que hacer horas extra. Tuvo tiempo Abraham Boba de acordarse de la gran familia que tantas horas de carretera ha unido. Ahí estuvo, junto al recuerdo a «miña terra galega», la mención a Daniel Martín y a Cristian. «Que se merecen tantos, o más, aplausos como nosotros», sentenció Boba. Este fue el único momento de pausa en medio de un derroche de energía brutal. A partir de ese instante, la montaña rusa química continuó fluyendo a toda mecha (Ánimo valiente, Revolución, Y ahora soy feliz) para explotar en esa salmodia a lo Mark Kozelek a 45 revoluciones que es Habitación 615. Pies de micro volando de un lado a otro del escenario, Boba tratando de calmar su bestia incendiaria detrás de la batería; Baos brincando, bajo en ristre, sin parar de reír; y Luis encadenando riffs imposibles sin derramar una nota en el suelo. Un zumbido eléctrico que saltó el foso y electrocutó a un público que hacía tiempo que se había olvidado del arroz con marisco, el polbo a feira y las zamburiñas. Una descarga que nos acompañaría hasta bien entrada la madrugada.

The GiftCon la estática aún percutiendo en nuestros oídos y tras casi 40 minutos de cambio de escenario le llegó el turno a los portugueses The Gift. La banda liderada por la vocalista Sónia Tavares hizo honor a su nombre y derrochó clase ya desde la puesta en escena de un show que por su planteamiento in crescendo quizá debería haber abierto la noche. Aunque poco les importó esto a los muchos aficionados lusos que se agolpaban en primera fila para no perder detalle. El cuarteto (sexteto sobre las tablas) inició su actuación con el playback de su último single Love Without Violins, junto a Brian Eno, atronando justo antes de que la formación hiciera acto de presencia. El avance del nuevo álbum que verá la luz en 2017 se quedó en eso, una mera concesión a la galería, ya que el resto del bolo estuvo compuesto por una sucesión de lo más granado de su repertorio. Sonaron clásicos como Primavera, Fácil de entender, RGB, Made For You y Question Of Love y lo hicieron con la solvencia de siempre. Un auténtico lujo que O Grove decida contar con formaciones de esta calidad dentro de una programación que pone la guinda a la nutrida oferta gastronómica que polariza la atención de los miles de visitantes que cada día se desplazan a la localidad costera en estas jornadas festivas.

Galería de fotos de ambos conciertos en flickr.

Setlist León Benavente

Tipo D.
California.
La ribera.
Hienas.
Ánimo valiente.
La vida errando.
Revolución.
Y ahora soy feliz.
Celebración (siempre hacia adelante).
La palabra.
Habitación 615.
Aún no ha salido el sol.
Ser brigada.

 

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