Arrival (La llegada)

La llegadaLa llegada (Arrival) es la demostración patente de que no hay género que se le resista al realizador canadiense Denis Villeneuve (Incendies, Prisoners, Sicario). Monolítica revitalización de la ciencia ficción gracias a un brillante guion (Eric Heisserer) y a la no menos sobresaliente interpretación que nos regala Amy Adams, Arrival sitúa a Villeneuve como uno de los directores más interesantes del último lustro. Sustentada en la colección de relatos ‘La historia de tu vida’, que le valieron al escritor Ted Chiang el reconocimiento en los premios Locus y Nébula, esta Torre de Babel interplanetaria resplandece gracias a la habilidad del director en la planificación y a la preciosista fotografía de un Bradford Young (Selma, El año más violento) que bien se merece un Oscar. Repleta de primerísimos primeros planos, encuadres imposibles e instantáneas que se prenden de la retina, Villeneuve aporta una mirada poética y reflexiva que envuelve al espectador desde el arranque del filme, apoyado por la sugerente banda sonora que firma el islandés Jóhann Jóhannsson. Un tono pausado que le sirve para sumergirnos en un proceso de aprendizaje similar al que vive en la pantalla grande la lingüista Louise Banks (Adams). Es en este primer tercio de la película en el que Villeneuve consigue alcanzar los mejores minutos de su cine. Hipnótico y cautivador, haciendo uso de una aproximación circular a través de la que la cámara rodea las situaciones a las que los personajes principales —sobre los que Adams se yergue majestuosa— deben enfrentarse, Villeneuve integra en Arrival elementos icónicos previos. Las referencias a 2001: una odisea del espacio o Encuentros en la tercera fase son evidentes, pero la parte psicológica cobra aquí una importancia mayúscula.

El montaje también se revela decisivo para que en este segundo tramo de la cinta la historia cobre la fuerza necesaria antes de encarar el deslumbrante final. El juego con el espectador y las sorprendentes revelaciones que, tanto la doctora Banks como nosotros mismos, hemos de afrontar en ese último tramo están perfectamente plasmados en la sala de montaje e ilustrados con un ritmo mucho más vivo que en los dos tercios precedentes. Todo ello hace que los 116 minutos de película casi se nos escapen en un suspiro y nos dejen en shock, pero con ganas de más.

Ciencia ficción educativa, que no moralizante, y repleta de múltiples lecturas, Arrival bien se merece un segundo visionado en el que el espectador podrá descubrir infinidad de nuevos elementos que enriquecen esta arriesgada propuesta fílmica. Porque nada más rompedor en los tiempos que corren que apostar por la educación y el lenguaje como herramienta de cohesión frente a esos muros invisibles —y, en ocasiones, infranqueables— que unas sociedades han erigido frente al miedo a lo desconocido.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s