Loving

LovingTodo parecía indicar que tras el estrepitoso fracaso de crítica y público de Midnight Special, que hizo que Warner postergase su estreno comercial en España y, al final, pasara directamente al mercado de DVD, el realizador Jeff Nichols se sacaría la espina con Loving. Un proyecto mucho más personal y comprometido, presentado a principios de año en la sección oficial de Cannes. Quizá sea cierto eso de que quien mucho abarca poco aprieta, pero la triste realidad es que en este 2016, ni una ni otra película dan muestras del prometedor talento que parecía vislumbrarse en títulos como Take Shelter (2011) y Mud (2012). Desaprovechar, en el caso de la marciana Midnight Special, un reparto en el que se encuentran nombres como los de Michael Shannon, Joel Edgerton, Kirsten Dunst, Adam Driver y Sam Shepard no ocurre todos los días. Algo sólo comparable a aquel despropósito perpetrado por Zack Snyder y titulado El hombre de acero —con Amy Adams, Russell Crowe, de nuevo Michael Shannon, Kevin Costner, Laurence Fishburne y Diane Lane—, que abrió la caja de Pandora de las tediosas adaptaciones de tebeos de superhéroes a la gran pantalla. En esta ocasión, Nichols se encarga de guionizar una historia que saltó a la opinión pública en marzo de 1966, a través de las páginas de la revista Time y que ya retrató antes otro documental de 2011. El proscrito amor interracial de Richard Loving y Mildred Jeter supuso un punto de inflexión para los derechos civiles de aquella ‘América profunda’ y pasó a la historia como el Caso Loving contra Virginia.

Esta película, en cambio, lo retrata como si de un anodino telefilm se tratara. La torpeza del guion trasluce la incapacidad de Nichols para contar una historia repleta de matices y personajes poliédricos, que acaban desdibujados, cuando no caricaturizados. Basta con fijarse en la ‘interpretación’ que Michael Shannon hace del fotógrafo de Time, Grey Villet. Preocupa, asimismo, que en más de dos horas de metraje, el director decida depositar todo el peso dramático del filme en los rótulos que aparecen sobreimpresos en un último —y predecible— plano general y no en las imágenes que con tanto esmero se ha encargado de cuidar su director de fotografía habitual, Adam Stone o en las interpretaciones de sus actores. Molesta sobremanera el tiempo perdido en el parsimonioso arranque, carente de pulso y desprovisto de toda emoción, en contraste con la atropellada narración posterior y el uso torticero de las elipsis (en las que la pareja protagonista no envejece, mientras sus hijos crecen). Aunque, quizá lo peor de todo sea la nula química existente entre el matrimonio formado por Joel Edgerton y Ruth Negga. Dos apreciables actores (ella está magnífica en Preacher) que aquí se encomiendan a su buena estrella, una colección de mohínes y un impostado acento sureño para transmitir el cúmulo de penalidades que debió atravesar el matrimonio Loving a lo largo de una década de lucha constante y soterrada.

Algo de lo que sólo parecen dar cuenta las múltiples nominaciones que le han llegado en las últimas fechas (Globos de Oro, Independent Spirit Awards, Gotham, Critics Choice, Stellite) y con lo que muchos se darán por contentos. Mejor hablar de esto que de los supremacistas que aún existen y ostentan cargos de responsabilidad en EE. UU. o del recorte de los derechos civiles de la población, en general, más allá de credos y razas.

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