American Honey

American HoneyResulta imposible desligar American Honey —tanto en su estética como en su improvisada narrativa— del recuerdo de la serie de imágenes que hace más de una década lanzó a la fama al fotógrafo Mike Brodie (The Polaroid Kid). El sucio y polvoriento retrato de una generación perdida de jóvenes que en A Period of Juvenile Prosperity recorría el país como polizones a bordo de ferrocarriles de mercancías está llena de fuerza y dureza. Algo que la cineasta británica Andrea Arnold también logra reflejar en el arranque de su película. Por desgracia, la carga dramática de las polaroids son en ocasiones más efectivas que el loable trabajo del director de fotografía Robbie Ryan para ambientar este nuevo retrato de perdedores. Jóvenes sin un propósito definido en la vida, más allá de estar de fiesta la mayor parte del tiempo y tratar de ganarse unos dólares con los que subsistir, colocarse y olvidarse por unas horas de su miserable existencia. Los restos del naufragio del capitalismo compulsivo encuentran en esta ocasión a su estrella protagonista en una joven llamada, precisamente, Star (Sasha Lane), a través de cuyos ojos iremos descubriendo la realidad de esta América profunda. Rodada cámara en mano y por un nutrido plantel de actores no profesionales de entre los que destaca como protagonista absoluta la ya citada Sasha Lane, en el reparto también se encuentran rostros conocidos como Shia LaBeouf, Riley Keough y Will Patton. El resultado es desigual, pero hipnótico.

A PERIOD OF JUVENILE PROSPERITY, 2006 - 2009Uno no puede dejar de mirar cómo se comportan esos adolescentes, aunque nunca pase nada a lo largo de 162 minutos. Epítome perfecto de la sociedad narcotizada actual, la película es poco más que una sucesión de situaciones improvisadas, algunas con más fortuna que otras, a través de las cuales vamos descubriendo pequeños detalles acerca de esta especie de secta que va reclutando adeptos allá donde hace escala. Desigualdad social, explotación laboral, familias desestructuradas, malos tratos, abusos consentidos, drogas… Toda una colección de tópicos, que el joven reparto pone en juego con una pasmosa naturalidad y que lleva al espectador a plantearse si en realidad está ante una ficción cinematográfica o un documental dulcificado. Por desgracia, todo el magnetismo que encierra la propuesta en los minutos iniciales comienza a perderse a medida que el metraje avanza. A las dos horas, uno se pregunta hacia dónde avanza la historia para concluir que se encuentra ante una road movie a ninguna parte. También, por si quedaba alguna duda, llega un punto en el que LaBeouf decide dar la nota y sobreinterpretar. Sin embargo, durante todo el metraje la debutante Sasha Lane consigue mantener esa frescura inicial (la película se rodó en orden cronológico) incluso en un final tan caótico y desnortado como la propia existencia de la generación que retrata.

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