El nacimiento de una nación

The Birth of a NationPese a la multitud de imágenes impactantes que pueblan las dos horas de metraje de El nacimiento de una nación ninguna puede igualar al hecho de que aún sea necesario hacer películas así en pleno año 2016. Si obviamos su planteamiento maniqueo y repleto de lugares comunes dentro de este cine ‘político’, el debut como director de Nate Parker recuerda en especial a los primeros trabajos de Spike Lee. Director al que Parker incluso toma prestado uno de sus actores fetiches, Roger Guenveur Smith. Ambientada a mediados del siglo XIX en la Virginia natal del propio Parker —pese a estar rodada en su integridad en Savannah, Georgia— la historia real que aquí se presenta, por increíble que parezca, fue el germen de un movimiento que hoy en día sigue muy vigente. La abolición de la esclavitud y la lucha por los derechos civiles que también protagonizan el documental Enmienda XIII, dirigido por Ava DuVernay para Netflix y del que ya dimos rendida cuenta hace un par de meses; en cambio, El nacimiento de una nación aspira a más en su premisa, ya que se presenta con la vitola de ser la gran triunfadora de la pasada edición del festival de cine independiente de Sundance (mejor película y premio del público), donde estableció un nuevo récord al vender sus derechos de distribución por más de 17 millones de dólares. Con todo esto, uno espera poco menos que asistir al relato definitivo al respecto. Lástima que todo se quede en poco más que buenas intenciones lastradas por una realización lenta y sosa. Muy previsible el recurso de las elipsis en tres momentos puntuales de la narración — en especial el último— e incomprensible la decisión de mostrar de manera innecesariamente explícita otros episodios violentos.

Parker trata de abarcarlo todo en su múltiple faceta de guionista, realizador y actor principal y el resultado final se resiente. Anodina banda sonora de Henry Jackman, también plagada de ecos a lugares comunes (Williams, Barry) dentro de la que destaca —aunque también era evidente— la versión de Strange Fruit a cargo de Nina Simone. Preciosista fotografía de Elliot Davis, que contribuye a acentuar el dramatismo de la historia en lugares puntuales; pese a las fallidas secuencias oníricas. Destaca sobremanera dentro de la sucesión de personajes planos y estereotipados la luminosa presencia de Aja Naomi King (Cherry Ann).

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