La La Land

La ciudad de las estrellas¿Quién no se ha pirado alguna vez una clase? Más aun, ¿quién no lo ha hecho para ver su película favorita? Mi yo veinteañero decidió no ir una mañana a la universidad para ver West Side Story en la biblioteca municipal. Fue la única manera de satisfacer el antojo que me reconcomía por dentro desde hacía semanas. Días en los que en mi cabeza retumbaban los ecos de la partitura de Leonard Bernstein y me imaginaba a Rita Moreno contoneándose frente a George Chakiris en una de mis partes favoritas de la película. Así que salí de casa como una mañana más, con los inútiles apuntes bajo el brazo, y me pasé dos horas y media en aquel refulgente Nueva York en el que Robert Wise enfrentaba a Jets y Sharks. No lo recuerdo, pero no descarto de que mis pies dibujasen algún torpe paso de baile por alguna de aquellas adoquinadas callejuelas de regreso a casa una vez a salvo de las miradas ajenas. Ha pasado casi otra vida y he vuelto a sentir lo mismo. Gracias a La La Land ahora no puedo quitarme de la cabeza las canciones de Justin Hurwitz. Es imposible no sorprenderme a mí mismo silbando despreocupado City of Stars mientras conduzco o tarareando Another Day of Sun, el tema con el que se abre esta frenética y deliciosa historia de amor mil veces contada —chico conoce chica, etc.—, pero que en manos del realizador Damien Chazelle resulta fresca, jovial y desarmante. Hay que ser voluntariamente ciego y sordo para permanecer ajeno al influjo que esta película ejerce sobre el espectador.

La La Land —me niego a llamarla La ciudad de las estrellas, ¿alguien recuerda hoy en día a West Side Story como Amor sin barreras?— es una deliciosa declaración de amor al mundo del cine. Más allá de géneros o estilos. Da igual que a usted no le gusten los musicales, ¡vaya a verla! y hágalo en versión original. Hágase el favor. No se pierda la desarmante risa de Emma Stone, ni los cínicos balbuceos de Ryan Gosling. Disfrute de unas canciones con gancho que cuentan una historia agridulce sobre esa monstruosamente bella fábrica de los sueños que es la ciudad de Los Ángeles, verdadera protagonista de esta historia que confirma que en ocasiones la realidad supera a la ficción.

Ya desde su efectivo y sobresaliente arranque, Chazelle deja bien claras sus intenciones al mostrarnos esa ingente cantidad de sueños enlatados sobre cuatro ruedas de camino al downtown angelino. La relación estacional de Mia y Sebastian es sólo el reflejo de algunos de ellos. Su historia es la del amor por el cine y la música de su director y también la de toda una generación. Personas como usted —como tú— y como yo que crecimos con Cantando bajo la lluvia, Un americano en París, New York, New York, West Side Story, Gene Kelly, Fred Astaire, Cyd Charisse, Ginger Rogers, Debbie Reynolds, Natalie Wood… Y también del cine de Disney. Sólo así se puede explicar ese epílogo que tanto le debe al inolvidable prólogo de Up.

Película repleta de referencias y homenajes que desborda por su naturalidad y contagia optimismo. Más allá del regusto agridulce que deja su visionado, la fuerza de sus imágenes es tal que uno no desea que acabe nunca y cuando lo hace querríamos que volviese a empezar. La colorista fotografía de Linus Sandgren combina a la perfección con el score de Hurwitz (ya un clásico instantáneo) resaltando ese punto festivo y jubiloso que tienen los sueños que se hacen realidad.

Brillante la realización de Chazelle apoyada, de nuevo, en un montaje vertiginoso y sabiendo equilibrar los tiempos para que la narración fluya con naturalidad. Algo a lo que contribuye sobremanera la química que derrochan Stone y Gosling. Cada uno bordando sus respectivos papeles, pero, sobre todo, ella. Excelsa, magnética, expresiva, divertida, conmovedora, real. Una actuación que consigue minimizar el, quizá, punto flaco de la película: su endeble guion. Los amantes del jazz echarán en falta un mayor rigor en los argumentos que Chazelle pone en boca de Sebastian, quien obvia a figuras actuales de renombre como Robert Glasper, Esperanza Spalding y Kamasi Washington (por citar sólo algunos ejemplos) en su defensa del género.

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