IZAL – Fin de gira Copacabana

Fin de gira CopacabanaLa gente quiere ser feliz. Al menos durante un par de horas. Desgañitarse, sudar, bailar, olvidarse de todo y sentirse vivo. Sonreír. Y que esa sonrisa no se borre de sus caras hasta mucho tiempo después. Más allá de los lunes, los jefes, los exámenes, las hipotecas, las rupturas sentimentales. Más de 4.000 voces estallaron en un grito unánime cuando las luces se apagaron al filo de las 22.20 horas del sábado. Algunos llevaban haciendo cola a las puertas del pabellón desde las cinco de la tarde, desafiando al viento y la lluvia. Tarareando nerviosos las canciones de relleno en el cambio de escenario tras la actuación de los teloneros. Hasta que sonó Supersubmarina, antes de que se apagaran las luces y el público ensayó ese coro unánime. Compungido y respetuoso. Hasta que se abrió el telón y con los primeros acordes enlatados de Despedida, el tema que abre el fin de gira Copacabana, todas esas voces volvieron a unirse en una sola. Rotunda, invencible. Capaz de hacer que se le saltasen las lágrimas a Mikel Izal tras la primera explosión de luz al contemplar el polideportivo Pisuerga abarrotado ante sí. IZAL regresaba a Valladolid y lo hacía para decir adiós. En realidad, se trata de un hasta luego de un año. El quinteto madrileño se despide de los escenarios hasta 2018 con ocho fechas que recorren España y tendrá su fin de fiesta el 25 de febrero en el palacio de los deportes de la Comunidad de Madrid. El primer saludo llega al término de la tercera canción. Hasta entonces no ha habido ni un respiro. Un «¡buenas noches, Pucela!» es respondido por un aullido ensordecedor. Aplausos, gritos, móviles centelleantes en mitad de la oscuridad. Un firmamento mecido al compás de la música. Y más estruendo al escuchar de boca del cantante que esta noche, este concierto, es «un sueño hecho realidad».

Fin de gira CopacabanaLa banda llegaba a orillas del Pisuerga acompañada por sus compañeros de sello, Modelo de respuesta polar y con muchas ganas de fiesta tras actuar la víspera en Barakaldo. Y no defraudaron. Un espectáculo con mayúsculas a lo largo de más de dos horas repleto de confesiones, anécdotas, bromas y complicidad con un público entregado desde el arranque. El sobrio escenario, dispuesto en dos alturas, cuenta con varias pantallas en la parte posterior que complementan a las canciones y el rutilante juego de luces que despliega la formación a lo largo del show. Dos micrófonos de ambiente flanquean el escenario y por todo el pabellón varias personas registran en vídeo el espectáculo. El sonido es perfecto y durante la primera media hora, el concierto avanza como una locomotora sin frenos. El setlist contribuye a ello. Canciones que alientan los coros del público. Un clamor que retumba contra los muros del polideportivo, al tiempo que ríos de gente abandonan el graderío en dirección a la pista y se suman a los que han preferido hacer tiempo en los —mucho más económicos— bares aledaños. Sobre el escenario, Mikel toma aire y comienza a recordar las actuaciones de la banda en la capital vallisoletana. Año 2013, sala My Way. «Que levanten la mano los que estuvieron allí»; y medio pabellón lo hace. «No cabían tantos», bromea el cantante. «Luego vinieron los LAVAs y el Intromusic», explica en el siguiente receso y recuerda a Cyan, la banda barcelonesa que «se ha dado un descanso» desde 2015. Y también a Love of Lesbian. Y el público estalla en un nuevo aplauso.

Fin de gira CopacabanaY la locomotora continúa imparable su recorrido por unos raíles perfectamente engrasados. Todo está medido al milímetro y al tiempo no parece impostado. Los músicos se miran y se sonríen. Están disfrutando. Y de esa complicidad surgen las confidencias. Suena Ruidoblanco, una de las canciones que compondrán el nuevo disco del quinteto. Una completa desconocida para todos —«¿Mola o putada?»— excepto para aquellos atrevidos que se lanzan a tararearlo todo en mitad de un concierto. Otra anécdota más y el sudor que obliga a Mikel a despojarse de su camisa vaquera. La temperatura dentro del pabellón sigue subiendo y aquellos a los que no les importan los 10 € que piden por el cachi de cerveza encaran el tramo final convenientemente hidratados. Lo que viene es una colección de temazos encadenados hasta el último rush. Llega el momento de presentar a la banda y a todas las personas que hacen posible la gira. Mientras, en el foso van tomando posiciones los responsables de las dos últimas sorpresas de la noche para el fin de fiesta. Y la locura colectiva.

Modelo de respuesta polarUn broche a la altura de una gran velada que iniciaron al filo de las 21.25 los valencianos Modelo de respuesta polar. El quinteto afincado en Madrid y liderado por Borja Mompó agradeció a los presentes estar «tan pronto» en el recinto y sin más dilación atacó con tres de los temas más contundentes de su repertorio: Momentos similares, Dos amigos —que da título a su último disco— y Crece. También pudimos disfrutar de una versión mucho más rítmica de El cariño, del álbum homónimo de 2014. Obviando los problemas iniciales de sonido, la formación se mostró muy suelta y no desaprovechó la oportunidad ante una audiencia entre la que también se contaban un buen puñado de seguidores. Así se demostró cuando. tras reconocer Mompó que esta era la primera visita del grupo a Valladolid, hizo referencia a su actuación en la plaza del Trigo, durante el último Sonorama. «Este año volveremos… Aunque sea de público», avanzó el líder de la formación.

Galería de fotos en Flickr a cargo de María Parra Serrano, aquí.

Setlist IZAL:

Despedida.
Hambre.
Agujeros de gusano.
Palos de ciego.
La piedra invisible.
Tóxica.
28 horas.
Arte moderno / Extraño regalo.
Ruidoblanco (nueva).
Los seres que me llenan.
Pequeña gran revolución.
Oro y humo.
Tu continente.
Conclusión en Do para ukelele.
Hacia el norte.
Asuntos delicados.
La mujer de verde.
Pánico práctico.
Epílogo III – Resurrección y venganza.
Prólogo.
Copacabana.

Bises:
Qué bien.
Magia y efectos especiales.
El baile.

Setlist Modelo de respuesta polar:

Momentos similares.
Dos amigos.
Crece.
La juventud y el tiempo.
El cariño.
Que no se acabe nunca.
La guerra y las faltas.

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