Baby Driver

Baby DriverBaby DriverAcelerada y desquiciada película cuyo mayor mérito radica en unos soberbios 45 minutos iniciales. La maestría del realizador y ¿guionista? Edgar Wright en el vertiginoso —y casi mudo—arranque de este bólido llamado Baby Driver queda ampliamente plasmada tanto en la secuencia inicial como en el plano secuencia posterior que ilustra los créditos. Por desgracia ni la ruidosa banda sonora logra disimular la pérdida de octanaje del filme una vez presentada la más que previsible trama y llega a ser molesta en el inexplicable e infantil tercio final. Oportunidad perdida. Tanto con una historia que podría haber dado mucho más de sí como con un reparto que, salvo honrosas excepciones (Ansel Elgort, Jamie Foxx), deambula por el celuloide ante los descreídos ojos del espectador más tierno. Nada tiene sentido en esa caótica sucesión de despropósitos que acaban convirtiendo a la película en una ridícula broma tarantiniana. Insulsos cameos de Jon Bernthal y los músicos Sky Ferreira y Flea; este último formando parte de ese (in)disimulado homenaje al clásico de Kathryn Bigelow Point Break (Le llaman Bodhi) al que tanto debe en su premisa este divertimento estival, que pese a su ritmo frenético quizá debería haber aligerado metraje en la sala de montaje para resultar más contundente y menos (auto)complaciente.

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