Detroit

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DetroitDetroitNada hay más espeluznante que el terror real. Palpable. El horror absurdo y desquiciado. A lo largo de más de una hora de película, Kathryn Bigelow logra infundir al espectador ese pánico. Las revueltas sociales que estallaron en varias ciudades norteamericanas en aquel largo y cálido verano de 1967 se ven fielmente reflejadas en Detroit, la nueva película de la realizadora californiana. Bigelow recobra en este docudrama el pulso que la catapultó a la fama en la década de los 90. La cámara nerviosa y el montaje explosivo nos sumergen en una vorágine de odio, racismo e incomunicación. Apelando a los terrores más primigenios del ser humano, Detroit relata, gracias a una impecable factura técnica, los terribles acontecimientos que tuvieron lugar en el motel Algiers a través de los ojos de un soberbio reparto coral. Una mirada, sin embargo, en ocasiones excesivamente maniquea, como ya nos tiene acostumbrados el guionista Mark Boal, colaborador habitual de la cineasta desde el año 2008. Relato, en cualquier caso, necesario para arrojar luz sobre unos hechos deliberadamente enturbiados y que aquí se recogen con una precisión casi documental. El mayor mérito, empero, del filme estriba en su aspecto más cinematográfico. La lúcida apuesta por centrar la mirada en el personaje de Larry Cleveland Reed (Algee Smith). Sus sueños, sus anhelos, sus imperfecciones… Con todo ello, Bigelow consigue dotar de alma a una historia de barbarie y progresiva deshumanización que permanece muy vigente en nuestros días. Yerra, en cambio, la cinta al explicar la génesis de las revueltas sociales que detonan el conflicto y quizá la directora se regodea en exceso al amplificar en la sala de montaje la tortura psicológica que sufrieron todos los detenidos en aquel infausto pasillo. Pero en lo que de manera indudable acierta de pleno es en obligarnos a mirar. En que nos neguemos a ser cómplices silentes de las atrocidades y a permanecer con los ojos cerrados cara a la pared. De espaldas a una realidad tan aterradora como cotidiana.