La librería (The Bookshop)

The Bookshop

The BookshopAmable y bienintencionada. Quizá estos sean los dos adjetivos que mejor definen La librería (The Bookshop). Se esperaba más de la cinta de Isabel Coixet; tanto por su sustrato literario, como por el reparto de relumbrón con el que cuenta. Del trío de ases formado por Emily Mortimer, Patricia Clarkson y Bill Nighy, tan solo este último está a la altura de las circunstancias. El público agradece cada minuto que está en pantalla Edmund Brundish, el enigmático anacoreta con el que Nighy consigue elevar el tono de una sosa y muy previsible película. Imposible desligar el guion de la realizadora catalana de la novela en que se basa, resulta especialmente reiterativo el abuso de la voz en off durante la anodina presentación de personajes inicial. Tampoco ayudan los continuos subrayados, lastrando el ritmo de la película y alejándola de su sugerente premisa. Cualquier espectador que acuda a ver La librería esperando encontrarse con el valiente relato de una mujer capaz de sobreponerse a las adversidades en un pueblecito costero de la Inglaterra de finales de los 50 acabará sin duda decepcionado. Ahora bien, no todo en esta película es fallido. Se salva, una vez más, la impecable fotografía de Jean-Claude Larrieu y, además de Nighy, resplandece en pantalla la joven Honor Kneafsey (Christine). Auténtica protagonista de una historia en la que Emily Mortimer no logra dotar de la credibilidad necesaria a su Florence Green. Con una interpretación repleta de mohínes que sólo alcanza un mínimo interés en aquellas secuencias en las que comparte plano con Nighy.

The Bookshop Press Conference
Rueda de prensa del equipo de la película / José Francisco Pérez Pertejo

Al igual que sucede con las postales que adornan las librerías y que sirven de entretenimiento para los mirones que acuden a perder el tiempo en manosearlas sin ninguna intención de comprar, con determinados pasajes de esta película uno tiene una sensación similar. Bellas imágenes, encuadres interesantes, una planificación cuidada, pero… Se echa en falta algo. Sirva un pasaje extraído del propio filme. Una conversación entre dos mujeres frente a la costa en la que una de ellas se queja del carácter reservado de su pareja para acabar reconociendo que siempre es mejor conceder que ahí reside el magnetismo del hombre antes de comprobar si en realidad no hay nada tras ese aparente halo de misterio.

La 62ª edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci) se presentaba con la atrayente premisa de mostrarnos cine en femenino y con esta película inaugural erró el tiro. Flaco favor le hace a una historia de mujeres que sean los personajes masculinos quienes ejercen de continuo motor de la trama. Por mucho que ésta sea en ocasiones autoexplicativa hasta el rubor, lo que uno no esperaba encontrarse en este homenaje póstumo a la escritora Penelope Fitzgerald era un mansplaining de libro. Nunca mejor dicho.