El rastro (Pokot)

Pokot

PokotPara que el truco funcione, el mago sólo tiene que mostrarlo. Después será culpa nuestra no haber sabido mirar. El título original de El rastro, la última película de la realizadora polaca Agnieszka Holland es Pokot, que en su idioma original significa los trofeos de caza. Presentada como una curiosa mezcla de alegoría ecologista y thriller policiaco, la película posee un magnético arranque en el que Holland —junto a su hija, Kasia Adamik— da una inolvidable lección de cine. Ritmo, montaje, fotografía preciosista, un muy adecuado uso de la banda sonora,. Todo un catálogo de puntos a su favor para meterse al público en el bolsillo que Holland no desaprovecha. Del mismo modo que tampoco lo hace la veterana actriz Agnieszka Mandat-Grabka con ese caramelo llamado Janina Duszejko y surgido de la pluma de la escritora Olga Tokarczuk. La señora Duszejko es el eje en torno al que gira todo el filme y su arrolladora presencia canibaliza al resto de personajes. Fábula naturalista que encuentra en el elemento telúrico un aliado decisivo para conectar rápidamente con el espectador, la cinta nos muestra bellas localizaciones del valle de Kłodzko. Una región de los Sudetes colindante con Chequia, cuya profusa variedad cinegética se convierte en un elemento central de la historia.

Presentada como un reto detectivesco para el espectador, Holland tira de oficio para esconder sus cartas hasta el ultimísimo final. Se echa en falta, eso sí, quizá un mayor ejercicio de contención en el metraje. Película con mensaje, que puede no contentar a todos los espectadores, pero que plantea un buen puñado de acertadas reflexiones acerca de la condición humana.

El filme fue recibido con cálidos aplausos por el público asistente al pase de prensa de la Sección Oficial de la 62ª edición de la Seminci.