Bienvenida a Montparnasse (Jeune Femme)

Jeune Femme (Montparnasse Bienvenüe)

Jeune Femme (Montparnasse Bienvenüe)Existe un don muy apreciado en las artes escénicas que reside en la capacidad de aunar varias ideas en una, de sincretizar. El epítome de este crisol de ideas, de esta economía a la hora de presentar un pensamiento complejo se refleja en la unidad de contrarios que, a modo de yin y yang, simbolizan los ojos bicolor de Paula Simonian, la inolvidable protagonista de Jeune Femme (Montparnasse Bienvenüe). Multipremiada ópera prima de la cineasta francesa Léonor Serraille, tanto la realizadora como su protagonista, Laetitia Dosch, son capaces de abordar en poco más de 90 minutos una amplia variedad de temas complejos presentados de una manera inteligente y atractiva. Mentiríamos si dijésemos que Jeune Femme es una película sencilla para el espectador. No lo es. Ni quiere serlo. Porque tampoco lo es Paula, su protagonista. Una treintañera en plena crisis (vital, laboral, sentimental, personal) que recorre las calles de París buscándose, literalmente, la vida. Una caótica existencia en la que se entremezclan contradicciones con aplastantes afirmaciones y que Serraille va desgranando de manera progresiva a lo largo del metraje. Al tiempo, cuanto más conocemos de Paula más empatizamos con ella y más luz se arroja sobre todo ese frenético arranque en el que el torbellino Dosch (toda una estrella en el país vecino) se come la cámara en cada plano.

La desquiciada Paula provoca fascinación y repulsión a partes iguales. Algo muy distinto a lo que el espectador siente al contemplar el último plano del filme. Por el camino descubrimos los rostros de los responsables de su inestabilidad vital (su madre, su expareja), pero también aparecerán otros personajes (Lila, Yuki, Ousmane) junto a los que se empezará a forjar su nueva vida. Poliédrica, como los rostros de su actriz protagonista, –bipolar, bicolor– la película crece de forma exponencial a medida que avanza el metraje. Dos puntos simbolizan ese cambio y ambos aparecen resaltados por la realizadora gala mediante el uso de la música. Tanto la secuencia del metro a ritmo de jazz como la de los patinadores nocturnos a ritmo de música electrónica están abordados por Léonor Serraille de manera admirable, logrando que el bulevar de Montparnasse se integre en el filme como un personaje más. A ello también contribuyen la magnífica fotografía de Emilie Noblet, colaboradora habitual de la cineasta, así como la admirable labor de montaje de Clémence Carré.

Jeune Femme fue presentada a concurso dentro de la Sección Oficial de la 62ª edición de la Seminci. Previamente a su pase fue muy celebrada la proyección de Kapitalistis, cáustico cortometraje del realizador belga Pablo Muñoz Gomez, que describe con ironía y diálogos brillantes cómo es la precaria existencia de un inmigrante griego y su hijo en Bélgica en vísperas de Navidad. Una delicia.

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