Soy un rayo de sol en la Tierra (Me Mzis Skivi Var Dedamicaze)

Me Mzis Skivi Var Dedamicaze

Arriesgada película de la realizadora georgiana afincada en Suiza Elene Naveriani, Soy un rayo de sol en la Tierra es un homenaje a los marginados. Un descarnado retrato de la realidad más oscura que encierran las calles de Tiblisi, la capital de Georgia, rodado en un estético blanco y negro e interpretado por actores no profesionales. Este ejercicio de verismo extremo con el que Naveriani debuta en un largo posee un molesto aire pretencioso. Porque el espectador en ningún momento, a lo largo de sus escuetos 61 minutos, deja de saber que está ante un filme. De este modo, tanto la sórdida historia de amor entre April y Dije como el resto de relaciones entre los demás personajes que desfilan ante la cámara apenas contribuyen a ampliar un relato que alcanza su objetivo de denuncia y visibilización en sus primeros diez o quince minutos. Es quizá esta encrucijada narrativa ante la que se encuentra Naveriani la que termina por malgastar una buena idea, que en última instancia se apoya tanto en una improbable metáfora visual (la cabeza de cerdo); como en el clásico de Dinah Washington This Bitter Earth. Banda sonora autoexplicativa a una última secuencia que sólo hace que reforzar algo que ya había quedado más que claro desde el inicio de la película.  Con anterioridad, se proyectó el cortometraje La inútil, de Belén Funes. Una más de esas recientes miradas a los distintos rostros de la crisis, simbolizada aquí en Merche (Nausicaa Bonnín), treintañera con trabajo precario y muy pocas ganas de reencontrarse con sus amigos.

La película fue presentada en la Sección Oficial de la 62ª Seminci, donde Ágnes Pákózdi obtuvo el premio a la Mejor Fotografía.

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