El instante más oscuro

Darkest HourOne man show de un Gary Oldman en completo estado de gracia, El instante más oscuro adolece de todos los vicios de una producción de este calibre. Hagiografía revisionista con el telón de fondo bélico de la II Guerra Mundial, en la que un ampuloso Joe Wright (Hanna, Anna Karenina) se empeña en demostrar al espectador sus dotes como realizador. Tarea fallida, toda vez que el excesivo (125 minutos) metraje no es más que un pastiche entre El discurso del rey y Lincoln. Mucha flema british y todos los manidos tics del Spielberg más lacrimógeno para acompañar una interpretación sobresaliente en todos los aspectos. Bien es cierto que Oldman es capaz de desaparecer bajo capas de maquillaje, pero su habilidad como intérprete permanece intacta, si no se centuplica tras la apariencia de sir Winston Churchill. Ni su voz ni sus rasgos físicos son los del estadista británico, pero qué más da. Su constante búsqueda de la verdad en su interpretación contrasta con la artificiosa realización de Joe Wright, que juega en contra de la propia película. Parafraseando a uno de los personajes del filme, el público no siempre quiere que le digan la verdad, pero de ahí a la torpe manipulación… En cualquier caso, su interpretación es demoledora. Oldman se merienda en cada plano a todos y cada uno de sus partenaires. Sólo —una desaprovechada— Kristin Scott Thomas es capaz de estar a la altura. Del resto del reparto, destacar a la prometedora Lily James (Ms. Layton) y al televisivo Stephen Dillane (Halifax) como únicos personajes con algo de —previsible— enjundia dentro de un guion que oscila entre el rigor histórico y las situaciones efectistas. Ésas —en el tercer acto abundan— en las que un actor experimentado que compone un personaje con cuya interpretación pasará a la historia es capaz de gustarse y deleitar a los espectadores.

Y para resaltar constantemente todo esto tenemos la banda sonora que firma Dario Marianelli, colaborador habitual del realizador, y al director de fotografía Bruno Delbonnel. Ambos son los encargados de investir de autoridad el trabajo de Wright, quizá lo más monocorde y desapasionado de un filme que constantemente trata de apelar a los sentimientos primarios del espectador. Con la mitad de entrega que le pone Gary Oldman a su personaje, Joe Wright habría firmado una obra inolvidable. Mimbres tenía, pero aparte de la planificada secuencia que abre y cierra la llegada de Churchill al Parlamento el resto de su labor se diluye entre molestos planos cenitales —que inundan el filme— e innecesarios movimientos de cámara.

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Un comentario en “El instante más oscuro

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