Ricardo Lezón: juego, set y partido

Ricardo Lezón - Sala Porta CaeliComo si se tratara de la bíblica multiplicación de los panes y los peces, Ricardo Lezón llegaba el pasado viernes por primera vez en su carrera a la capital del Pisuerga para descubrir antes del final del concierto que esa había sido su tercera vez en Valladolid. Todo tiene fácil explicación. El getxotarra saludaba al respetable y presentaba a la banda al término de Lobos, la segunda canción de la noche, al tiempo que destacaba que «por fin» se producía el tan ansiado encuentro. «¡Estuviste en el Fasse Rueda!», le espetaron desde el público. «Ya, pero eso es en Medina del Campo», respondió Lezón. «Yo era mal estudiante, pero siempre aprobaba Geografía… y Religión». Risas y aplausos. La anécdota se convirtió en broma recurrente a lo largo del concierto y marcó el tono del mismo. Complicidad, risas y cinco músicos con mayúsculas que disfrutaron e hicieron disfrutar al escaso público asistente en la sala Porta Caeli. «Somos vascos y, aunque parezca que no, también nosotros lo estamos disfrutando», confesó Lezón al público. Apenas medio centenar de incondicionales del líder de McEnroe, quien se mostró cercano y distendido durante toda la velada.

La presentación en directo de ‘Esperanza’, primer trabajo en solitario de Lezón, se convirtió en una noche para enmarcar en lo musical. La química que destila el quinteto fuera del escenario tiene su reflejo en la soberbia solvencia con que abordan un repertorio que engrandecen en directo. Porque a la emoción que transmiten las composiciones de ‘Esperanza’ se suma ahora la tremenda base rítmica que conforman Edu Guzmán a la batería y su primo Miguel, al bajo. El hermano de éste, Txomin, a la sazón productor del álbum, despliega su pericia a las seis cuerdas, iluminando las canciones de Lezón. Algo a lo que también contribuye Jaime Arteche a los teclados. Todos sonaron como un tiro sobre el escenario de la Porta Caeli, con Carlos Quintana a los mandos de la mesa de sonido.

Ricardo Lezón - Sala Porta CaeliLlegaba la formación a Pucela tras su exitoso paso la víspera por el Kafe Antzokia e idéntico repertorio. Un setlist rodado por el que los músicos despliegan su talento con solvencia y sin grandes alharacas. Con Lezón como un faro sobre el que se posan todas las miradas en el centro del escenario. A su izquierda, Txomin Guzmán, quién se va apoderando del espacio escénico a medida que avanza el repertorio y con sus riffs de guitarra jalona esos finales henchidos de emoción contenida. La cosa empezó a pintar bien tras escuchar la contundente base rítmica que ilumina el tercio final de Ella baila. En ese momento en el que la formación ya empieza a soltarse y mostrar todo de lo que son capaces encima del escenario. Lezón, tocado con su gorra de camionero, canta con los ojos apretados y da sorbos rápidos a las cervezas que reposan a sus pies entre canción y canción. En un momento dado, a punto de enfilar la recta final del bolo, su voz se quiebra como en los primeros discos de McEnroe. Arranca a capela Las últimas semanas, una de las composiciones de Helicón, el proyecto que Ricardo y Edu pusieron en marcha en 2011 cuando les dejaron sus novias, bromea Lezón. Lo hace quitándole importancia al error que le ha obligado a interrumpir la canción. «Estaba pensando que esta es la tercera vez que tocamos en Valladolid, porque también estuvimos una vez en Fuente Olmedo. Un pueblo precioso, que vosotros conoceréis mejor que yo». La ocurrencia arranca los aplausos del público. Miguel y Edu no pueden parar de reír.

Apenas un breve silencio y Lezón arranca de nuevo esa canción que recuerda a un amor de «hace 24 años». «Lo tenemos casi superado», se mofa. La broma ha servido para restarle gravedad al tema que había sonado justo antes, Manolo, dedicado a la memoria de su padre. Suena Arena y romero, el single en el que le acompaña su hija Jimena en el disco. Txomin canta la segunda voz y toda la sala entona al unísono «como todo lo que predijeron». El tiempo parece haberse detenido. Los músicos se hablan con solo mirarse. Los dedos de Jaime Arteche vuelan sobre las teclas mientras tararea una canción tras otra. Con los aplausos la banda deja solo a Lezón, «se van a por cervezas, no puedo competir con eso». Llega el turno de los temas de McEnroe, su banda desde hace más de quince años. Su proyecto de vida y por el que abandonó las clases de tenis en Sotogrande. Quizá en el enclave gaditano haya quien le eche de menos, pero nosotros nunca podremos agradecérselo lo suficiente. Por fin Lezón tocó en Valladolid. Una noche que valió por tres. Y fue inolvidable.

Galería de fotos en Flickr, aquí.

Setlist:

Noche en Noviales.
Lobos.
Chet Baker.
La paz salvaje.
El momento.
Ella baila.
Primavera en Praga.
Lamento.
Manolo (inédita).
Las últimas semanas (Helicón).
Arena y romero.
La cara noroeste (McEnroe, en solitario).
Como las ballenas (McEnroe).
Un rayo de luz (McEnroe).
Bis:
La electricidad (McEnroe).

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