Black Panther

Black PantherLos violentos rescoldos del cine de Spike Lee iluminan el arranque de Black Panther, la primera incursión del universo cinemático marvelita en el ignoto mundo de Wakanda. Es imposible disociar el profético arranque de la cinta de Ryan Coogler del trasunto político y social que inspiró a Lee para escribir en solo dos semanas el guion de Haz lo que debas (Do The Right Thing) a finales de los 80. Pero los tiempos cambian y con ellos lo hace el lenguaje (también cinematográfico) y el mensaje. Sin disimular un ápice su marcado tono político, Coogler presenta una historia de unidad y reconciliación acorde a los tiempos que corren. Repleta de mensajes inspiradores —In times of crisis the wise build bridges, while the foolish build barriers—que son al tiempo andanadas al discurso divisorio de Trump, la película es un canto a la reconciliación. Un sonido que retumba desde el corazón profundo de África para convertirse en ejemplo inspirador de las generaciones venideras. Película de superhéroes, sí; pero, sobre todo, de heroínas, Black Panther rezuma matriarcado, feminismo ancestral, tradición, orgullo, familia. La puesta al día del sustrato tebeíl surgido de la imaginación de Stan Lee y Jack Kirby se guía igualmente por ese respeto y consigue algo tan difícil, a priori, como narrar una historia desligada del universo Marvel al uso, aunque repleta de los elementos clave que conforman la fórmula de la Coca-Cola fílmica. A saber: gadgets —más a la James Bond que a la Iron Man, todo sea dicho—, espectaculares secuencias de acción, humor inteligente y un villano  de carne y hueso (Killmonger) capaz de darle cien mil vueltas a todos esos engendros CGI que los ejecutivos se empeñan en incluir en estas elefantiásicas producciones. Y todo ello, como decíamos, al servicio de una historia que desde su inicio no oculta al espectador cuales son sus intenciones. De una manera muy similar a la que Rian Johnson elige para expandir la Fuerza por el universo Star Wars, Coogler recurre a sus recuerdos infantiles en Oakland para ambientar el arranque del filme y proyecta parte de sí mismo en Killmonger, encarnado por su actor fetiche: Michael B. Jordan.

Tanto Jordan como Chadwick Boseman (T’Challa) cumplen a la perfección con su cometido, pero las verdaderas protagonistas de esta película son sus personajes femeninos a los que dan vida actrices de la talla de Lupita Nyong’o (Nakia), Danai Gurira (Okoye), Letitia Wright (Shuri) y Angela Bassett (Ramonda). Es este elenco actoral afroamericano, que completan Daniel Kaluuya, Winston Duke, Forest Whitaker y John Kani, el que logra hacer realidad el mundo ficticio de Wakanda. Colorista y repleto de referencias culturales africanas, Coogler muestra especial cuidado a la hora de trasladar las páginas del cómic a la gran pantalla. Su apuesta resulta ganadora recreando, entre otras, las poderosas imágenes del dios pantera Bast, que tanto nos impactaron de adolescentes al descubrir ese edén africano en una de las aventuras de Los cuatro fantásticos. El talento como cineasta de Coogler no se ciñe sólo a su acertada planificación de las secuencias de acción o al ritmo frenético que imprime a su relato; algo de lo que ya éramos conscientes con su debut Fruitvale Station y, sobre todo, con Creed. Es en la dirección de actores, en este casting comprometido y consciente de la relevancia de su actuación donde triunfa por completo. Soberbia fotografía de Rachel Morrison (Mudbound), que junto al score de Ludwig Göransson y las canciones de Kendrick Lamar convierten la película en una impactante experiencia sensorial. Imposible no sentir una sacudida interior con el sonido del tama (tambor parlante senegalés) o estremecerse al escuchar koras (Mali) y fulas (Níger) dentro de una banda sonora que es en sí misma un mapa sonoro del continente negro.

Critica con el racismo, el colonialismo, con un tono shakespiriano y muy reivindicativa de la cultura africana tanto en su dirección artística como a través de su majestuosa banda sonora, Black Panther logra convertirse en una cinta de culto repleta de mensajes inspiradores para generaciones venideras. Sirva como máximo ejemplo de ello la resolución de la batalla tribal, esperanzador anverso luminoso del clímax racial mostrado casi 30 años atrás por Spike Lee en Haz lo que debas. Por cierto, en esta película de Marvel también hay actores blancos. Dos. Martin Freeman y Andy Serkis. Ambos están muy bien, como el resto del reparto. Quizá haya alguna otra sorpresa en las secuencias post créditos, pero eso ya es otra historia.

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