Campeones

CampeonesLa discapacidad como hilo conductor de una película de superación personal y deportiva. Ahí es nada. El reto cinematográfico podría dar para un drama en toda regla; como De óxido y hueso, de Jacques Audiard, pero no. Hablamos de Campeones, una lúdica comedia de Javier Fesser que encierra en su interior no pocas sorpresas. Cinta coral con un soberbio Javier Gutiérrez que se aprovecha de un arranque modélico y divertidísimo. Fesser continúa en la línea de rendir homenaje fílmico al dibujante Francisco Ibáñez y para ello escoge a un reparto de actores no profesionales con discapacidad intelectual. Los amigos, el equipo de baloncesto al que debe entrenar Marco Montes (Gutiérrez) para saldar sus cuentas con la justicia recuerda a ratos a las páginas de Mortadelo y Filemón y en otros instantes a El castañazo, aquella violenta comedia sobre hockey hielo de George Roy Hill con Paul Newman en el reparto. Fesser es tan hábil que consigue atrapar al espectador más allá del gancho de contar con un actorazo como Gutiérrez. Su cámara mira a la discapacidad a los ojos y descubre una realidad que muchos prefieren obviar o a la que siempre se han acercado con prejuicios. Campeones nos descubre que, precisamente, la discapacidad está en la mirada. Las lecciones que Marín, Jesús, Román, Paquito o Collantes le regalan a Montes, en realidad van dirigidas a nosotros, los espectadores. El tono gamberro de la primera hora —con gags descacharrantes— acaba por domesticarse cuando Fesser vira su cámara hacia la relación sentimental entre Marco y Sonia (Athenea Mata), la parte más floja de un film irregular. En contra de la cinta también juega el abuso de los subrayados sonoros; tanto del reiterativo score de Rafael Arnau como del tema principal a cargo de Coque Malla, y un sensiblero tercer acto que termina por restarle pegada a una historia que se beneficia muy mucho de ese tono transgresor que tan bien encajaba con lo que parecía que Fesser y David Marqués iban a contarnos en un principio.

Aun así, por el guion desfilan asuntos no tan menores como la discapacidad social a la que todos parecemos estar abocados hoy en día, el individualismo, la búsqueda del éxito instantáneo y a toda costa, el miedo al compromiso, el síndrome de Peter Pan… Todo ello abordado desde el prisma de las distintas capacidades, esa mirada limpia —aunque no infantiloide— que quizá deberíamos cuidar más. O al menos no haber perdido, si es que alguna vez la tuvimos. Por eso, pese a lo fallido —por sensiblero— del final del filme es tan necesario su epílogo repleto de verdad. Una película que quizá comenzó a fraguarse un par de años atrás, durante el rodaje del cortometraje Servicio Técnico, dirigido por Fesser y en el que javier Gutiérrez —con un hijo con discapacidad—comparte pantalla con la nadadora paralímpica Teresa Perales.

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