Hot Summer Nights

Hot Summer Nights

Hot Summer NightsEl cine adolescente ha derivado en los últimos años en una suerte de coming of age sazonado con altas dosis de revival. Apelar a los corazones de los maduros espectadores a la vez que se invita a viajar en el tiempo a las nuevas generaciones parece una apuesta segura. Aunque no siempre sea así. Hot Summer NIghts, el resultón debut del cineasta afroamericano Elijah Bynum es un claro ejemplo de ello. La fijación de Bynum por abarcar todo cuanto rodea a su película termina por diluir el resultado final en apenas un cúmulo de buenas intenciones correctamente interpretadas y provistas de un montaje espídico que hace que la acción avance con fluidez hasta el hipertrillado último acto. El despertar iniciático de Daniel (omnipresente Timothée Chalamet) es al tiempo un efectista retrato del principio de la década de los 90. La cinta —que perfectamente podría haberse titulado Aquel verano en Cabo Cod— divide sus actos en el periodo estival comprendido entre junio y agosto. A falta de sol y playa tenemos abundancia de autocines, marihuana, coches de alta cilindrada y villanos de cartón piedra. La disfuncional familia que encarnan Hunter (el magnético Alex Roe) y McKayla (la muy lúbrica Maika Monroe) posee un arco argumental mil veces visto. Quizá éste sea el aspecto más flojo de una historia que conserva su punch pese al edulcorado romance adolescente, gracias sobre todo a las interpretaciones del trío protagonista. Un triángulo sentimental que en lo visual se entremezclan las referencias a Nicholas Winding Refn (Drive) y Paul Thomas Anderson (Boogie Nights).

Más allá de las abundantes referencias cinematográficas de la época (Avildsen, Spielberg, Cameron, Donner), el director recurre a un prolífica selección de canciones para ambientar el filme (suena Tarzan Boy, de Baltimora) y tratar de ganarse para su causa a aquellos espectadores ávidos de revivir tiempos pretéritos. Con el trasfondo de las drogas recreativas como reclamo tarantiniano (la secuencia con los matones en el bar), Bynum compone un relato en el que conviven amor, amistad y traición aunque sin un propósito argumental definido. Sudorosa fotografía de Javier Juliá, cuya tonalidad oscila entre el porno ochentero de Tracy Lords y los videoclips de Whitesnake y que supone uno de los grandes aciertos de un debut tan irregular como sorprendente. La abundancia de buenas intenciones no debe quedar eclipsada por algunas incongruencias de guion o un final ramplón y previsible.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.