Sorry to Bother You

Sorry to Bother You

Sorry to Bother YouImpactante como un puñetazo en pleno rostro, Sorry to Bother You continúa la senda reivindicativa que se inició en 2016 con la revisionista The Birth of a Nation y que un año después explotó a la perfección la aterradora Get Out. No en vano, Boots Riley, guionista y director de la cinta que ahora nos ocupa, otorga dos de los papeles con mayor peso del filme a actores que aparecen en sendas películas: Keith Stanfield y Armie Hammer. En cambio, Riley opta en su descarnado retrato social por el humor absurdo y mordaz trufado de no pocas sorpresas. Éstas van de lo sustancial a lo formal, desplegando en poco más de cien minutos innumerables sorpresas para el incauto espectador convencido de que estaba ante otra (una más) cinta reivindicativa con aire hipster. Nada más lejos de la realidad. La historia de Detroit y Cash —nada sucede aquí por casualidad— es la de millones de parejas de jóvenes afroamericanos empeñados en labrarse un futuro a base de empleos precarios que minan sus talentos y los convierten en poco menos que esclavos de sus jefes. Teleoperadores que deben ceñirse al guion marcado para conseguir más y más ventas sin seguridad alguna de que su precariedad deje algún día de ser tal. En esta presentación de personajes emplea Riley su primer acto por el que desfila alguna que otra sorpresa (Glover, Hammer) con guiño cinéfilo incluido.

Es en el segundo acto donde la acción se enfanga ligeramente antes de desencadenarse la distópica propuesta que Riley desarrolla con garra y un acertado pulso en el tercio final del filme. Sin entrar en detalles para preservar al máximo la sorpresa, es en este acertado giro en el que Sorry to Bother You logra ser todo lo cáustica e incendiaria que no se atrevía a ser en su parte central. Lastrada quizá por las metáforas —más o menos evidentes— y los subrayados de ese segundo tramo, la película no llega a ser redonda aunque sí logra su misión de noquear al espectador y hacer que éste se haga a sí mismo no pocas preguntas al término de los títulos de crédito. Política, cruda, cínica, desarmante, irreal, humana y aterradoramente posible: la historia que aquí se nos narra consigue emparentar la denuncia social con el fantástico sin volverse pretenciosa.

Magnífico trabajo actoral, sobre todo del trío protagonista formado por los ya mencionados Keith Stanfield y Armie Hammer, junto a los que destaca la siempre eficiente y camaleónica Tessa Thompson. La banda sonora corre a cargo de The Coup, la banda del director, guionista, rapero y activista Boots Riley, quien además incluye alguna composición de tUnE-yArDs. Vibrante montaje, acompañado de una sobresaliente fotografía que imprimen ritmo y estilo a una cinta que logra meterse en nuestra cabeza y rinde no pocos homenajes fílmicos a referentes cercanos del cine más creativo y arriesgado (Jonze, Gondry) sin olvidar el trasfondo reivindicativo del añorado Spike Lee.

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