Djon África

Djon África

Djon ÁfricaRoad movie caboverdiana a ritmo de funaná y regada con litros de grog, Djon África es una sorprendente mezcla de géneros que van del documental al musical con tintes oníricos. Improbable mix que funciona en gran medida gracias a su protagonista absoluto, el rapero Miguel Moreira. Pese a no ser un actor profesional. Moreira —cuyo nombre artístico es John Tibars Africa Noventaz, el Djon África que da título al filme— desprende magnetismo a raudales en cada plano. Con una naturalidad desarmante, él solo es capaz de sostener una película que conjuga tanto el recorrido cuasi documental por distintos enclaves de Cabo Verde (Tarrafal, San Nicolás, Janela) como el viaje iniciático de nuestro protagonista dispuesto a reencontrarse con sus orígenes. Filme de contrastes, que arranca en los suburbios lisboetas mostrándonos el día a día de Miguel —atención a su particular manera de visitar los centros comerciales—, un joven con una personalidad muy marcada por las relaciones que entabla con las mujeres (su amiga, su novia, su abuela) para pronto desplazarse al archipiélago atlántico. En este punto es donde los cineastas deciden que comienza la película.

Moreira recorrerá un país desconocido en pos de su identidad. Un extraño en tierra extraña y al tiempo un desheredado acogido por desconocidos que lo tratan como a uno más. João Miller Guerra y Filipa Reis optan por mostrar este peregrinar intercalando secuencias oníricas y planos de muy bella factura con momentos mucho más prosaicos. Es en esta dualidad donde la película gana enteros por lo inteligente de su planteamiento y la madurez con que se nos cuenta. Pese a lo episódico que puede resultar en todo momento el viaje de nuestro protagonista y el recurrente uso de la música como contrapunto cultural, Djon África acierta en su propósito. Un filme pequeño que encierra un mensaje poderoso y se apoya en inesperados giros de guion para mostrarnos el crecimiento personal e identitario de este rastafari lisboeta en la tierra de sus antepasados. Mención especial merece la poderosa presencia en pantalla de la proyección isleña de la figura de la abuela de nuestro protagonista, rivalizando en magnetismo con el propio Moreira. Uno de los más agradables descubrimientos de esta cinta, que tras el fundido a negro se cierra con un revelador plano fijo de la rua de São Bento con música (¡cómo no!) del caboverdiano Pedrinho.

La película, a competición dentro de la Sección Oficial de la 63ª Seminci se proyectó, con no pocos problemas técnicos, en el teatro Zorrilla la tarde de la quinta jornada de festival. Antes se pudo ver el cortometraje Entre sombras (Between the Shadows), de las directoras Alice Guimarães y Mónica Santos.

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