Mi obra maestra

Mi obra maestra

Mi obra maestraEntretenida película del realizador argentino Gastón Duprat, que supone además su debut tras la cámara en solitario ahora sin Mariano Cohn, su socio durante más de 20 años, Mi obra maestra retoma en cierto modo una idea que el tándem ya exploró hace una década en su película El artista. Entiéndase bien, esta nueva aventura fílmica de Duprat no se trata de un divorcio creativo, sino más bien de un reparto de tareas en el que Cohn ahora ejerce de productor. Contada de una forma un tanto peculiar para tratar de enmascarar las evidentes carencias de un guion previsible, la película se cimienta sobre el pulso interpretativo que llevan a cabo Guillermo Francella (el galerista Arturo Silva) y Luis Brandoni (su amigo y otrora pintor de éxito Renzo Nervi), conocidos actores dramáticos, que aquí explotan al máximo su vis cómica. Ambos personajes simbolizan las dos caras del mundo del arte contemporáneo, un terreno que conoce muy bien Andrés Duprat: hermano del director, guionista del filme y, a la sazón, director del Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires.

Desigual comedia ácida, Mi obra maestra busca desnudar el esnobismo que rodea el mundo del arte y resaltar ciertos valores más demodés. Es en esta apuesta por lo auténtico, por la amistad verdadera e insobornable, donde el filme consigue incluso emocionar, aunque nunca queda del todo claro cuál es el tono que Duprat quiere que prevalezca en el conjunto. Más allá de la pareja protagonista, el resto de personajes que poseen un cierto peso en la narración están abocetados más que definidos. Tanto Laura (María Soldi) como Álex (Raúl Arévalo) responden a estereotipos sin apenas recorrido dentro del desarrollo del filme. Algo más quizá en el caso de Arévalo, aunque una vez resuelto el —evidente— giro argumental, para el espectador español su personaje es tan improbable que cuesta tomárselo como algo más que la cuota patria correspondiente a esta coproducción hispano-argentina surgida al calor de la exitosa El ciudadano ilustre. Igualmente se podría esperar más de la banda sonora compuesta a cuatro manos por Alejandro y Emilio Kauderer, este último autor de scores tan recordados como los de Un lugar en el mundo y El secreto de sus ojos.

Donde sí logra su propósito con creces la cinta de Duprat es a la hora de mostrar la eterna lucha del artista por trascender más allá de su finitud así como al reflejar las distintas personalidades de críticos, marchantes, galeristas y demás fauna que sobrevuela el elitista mundo del arte. Los Duprat lo hacen con gran acierto a través de las localizaciones y la elección de los artistas pictóricos que los representan. De los enclaves bonaerenses de La Boca y Puerto Madero a la serranía de Hornocal, en Jujuy, con la que se abre (figuradamente) y cierra el filme —y que se disfruta gracias a la fotografía de Rodrigo Pulpeiro—. Sin olvidar a los pintores Germán Gargano, Augusto Ferrari y, sobre todo, Carlos Gorriarena: cuya obra abastece el inagotable catálogo de Nervi.

La película se proyectó en la sesión matinal, pase de prensa, del teatro Calderón, dentro de la quinta jornada de la 63ª Semana Internacional de Cine de Valladolid. Antes se proyectó el cortometraje de animación Egg, en el que, con un estilo que recuerda mucho a la ilustradora Mireia Pérez, la realizadora italiana Martina Scarpelli plasma en imágenes una experiencia transformadora.

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