Utoya. 22 de julio

Utøya 22. juli

Utøya 22. juliEjercicio de catarsis cinematográfica en torno a la matanza de la isla de Utoya, en julio de 2011 rodada cámara en mano y en un único plano secuencia. Siete años después de la tragedia, el cineasta noruego Erik Poppe se apoya en una realización espartana y un reducido grupo de actores no profesionales para reconstruir el infierno que atravesaron los jóvenes integrantes de un campamento veraniego convertido en el objetivo de un terrorista de extrema derecha que se dedicó a cazarlos por toda la isla. A lo largo de unos angustiosos e interminables 77 minutos, Poppe convierte al espectador con su estilo descarnado en uno más de esos centenares de adolescentes aterrorizados por los disparos y el desconcierto de no saber a qué o quién se enfrentaban. Filme con una profunda carga política, como ya se atisba desde los esclarecedores créditos que obvian el nombre del terrorista y centran todo el protagonismo en los verdaderos héroes de esta tragedia, Utoya. 22 de julio se siente más como una esperanzadora respuesta a la violenta escalada de los movimientos ultraderechistas a lo largo de los últimos años en Europa que como una recreación casi documental de los hechos. Valiente decisión la de (casi) invisibilizar al monstruo y transformar la previsible pugna por la superviviencia en una desesperada búsqueda contrarreloj.

La tensión palpable y la fuerza de las imágenes convierte la película en una angustiosa experiencia capaz de ocultar las virtudes cinematográficas que se difuminan en mitad de una narración previsible, pero no por ello menos efectiva. La poderosa actuación de la joven protagonista Andrea Berntzen (Kaja) es otro de los puntos fuertes de una cinta que aborda esta dolorosa e inolvidable tragedia que sacudió a la sociedad noruega en 2011 y que ha tenido este año otra versión más larga y desasosegante para Netflix de la mano del muy solvente realizador británico Paul Greengrass. Por desgracia es en el necesario remanso previo a su tercer acto donde la película se desinfla. La conversación entre Kaja y Magnus (Aleksander Holmen) repleta de evidentes metáforas y subrayados se percibe como algo postizo o impostado dentro de una película cuya fuerza proviene de las emociones primarias a las que el espectador se ve forzado a enfrentarse ya desde el inteligente arranque.

La película se proyectó a mediodía en el teatro Calderón dentro de la Sección Oficial de la 63ª Seminci. Antes se pudo disfrutar de Animal Behaviour, el último cortometraje de animación de la oscarizada pareja de realizadores que integran Alison Snowden y David Fine.

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