Noches mágicas

Notti Magiche

Notti MagicheImpresentable glorificación de la Italia de Berlusconi, Mamachicho incluidas, del cineasta Paolo Virzì bajo la presunta excusa cinéfila. Ambientada en la Roma de 1990, en concreto durante la celebración de la Copa del Mundo de fútbol ese mismo año, Noches mágicas se estrella en su afán por atrapar un momento que con la perspectiva de casi tres décadas después produce más sonrojo que nostalgia. Machismo, humor grueso, tópicos a gogó, sobreactuaciones bochornosas e incluso una violación convertida en presunta anécdota divertida (¿?) que polariza el arco argumental del único personaje femenino de los tres protagonistas del filme. Tomando su título de la canción oficial del evento deportivo que paralizó un país, compuesta por Giorgo Moroder, y que en su versión italiana se popularizó como Un’estate italiana (Un verano italiano), Virzì persigue precisamente eso: narrar una historia estival en la que tres guionistas adolescentes sueñan con hacerse un hueco en una ciudad que se nos presenta como un circo al servicio del cine y la televisión.

Talentos condenados a una existencia anónima, explotada y servil a la mayor gloria de los dinosaurios que buscan perpetuar su prestigio a costa del enfebrecido ímpetu juvenil. A ese mundo llegan los tres finalistas de un prestigioso premio literario: Eugenia Malaspina (Irene Vetere), Antonino Scordia (Mauro Lamantia) y Luciano Ambrogi (Giovanni Toscano). Cada uno de ellos es un cliché apenas definido, sobreactuado, denostado, pisoteado y hasta violado. ¿Cómo se puede pretender hacer comedia sobre algo así en pleno 2018? Todo el mundo grita, gesticula y se comporta como si estuviera bajo los efectos de alguna sustancia estupefaciente a lo largo de los interminables 110′ de suplicio en que se convierte esta nueva cinta del director de Locas de alegría (Espiga de Oro de la 61ª Seminci). El hilo argumental es una mera excusa para hacer desfilar nombres, referencias y apariciones estelares de un cine que ya no volverá. El trío de guionistas (casualmente también dos hombres y una mujer) se permite el lujo de regalarnos un epílogo actualizado que desvirtúa aún más, si cabe, un producto caduco y ruborizante. Del amplio reparto, destacar la presencia de la televisiva Annalisa Arena.

La película se proyectó en pase vespertino en el teatro Cervantes como cierre de la Sección Oficial del sexto día de la 63ª Seminci. Sonoros pateos, silbidos y algún tímido aplauso al término de la proyección que fue precedida por el mediocre cortometraje L’Été et tout le reste (El verano y todo lo demás), una improbable historia estival que transcurre en pleno mes de noviembre a cargo del holandés Sven Bresser. Igualmente abucheado.

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