Lo que esconde Silver Lake

Under the Silver Lake

Under the Silver LakeExcesiva y hueca metáfora sobre el Hollywood actual, Lo que esconde Silver Lake es la película que tanto seguidores como detractores de  David Robert Mitchell esperaban que hiciera tras It Follows. Concebido como un enigmático puzzle que se revela lisérgico y descabezado a medida que avanza el desmedido metraje, este trasunto pynchoniano empeña toda su suerte en el saber hacer de Andrew Garfield (Sam). El actor se muestra, sin embargo, en no pocas ocasiones más perdido que el espectador a la hora de afrontar esta suerte de gincana de la cultura pop rodeada de cameos y colaboraciones de actores y actrices que son meras comparsas dentro de esta gran farsa. Sucesión de Macguffins meta-referenciales, que ejercen como celofán perfecto para envolver la nada más absoluta (y disoluta). Oda a las existencias huecas, el consumismo desaforado y las teorías conspiranóicas que abotargan la imaginación febril de viejóvenes hikikomori, la película es todo un prodigio técnico: planos y encuadres imposibles, magnífica planificación de secuencias y excelente uso de la banda sonora. Sin embargo, todas estas cualidades se quedan en nada ante un guion vulgar y desnortado, que parece destinado a justificar el fracaso que le sobreviene a todo autor sobrevalorado tras un fulgurante éxito inesperado.

La desmedida expectación generada alrededor del nuevo proyecto de Mitchell tras It Follows —que ya contaba con evidentes carencias narrativas— se revela en este filme como un intento de endulzar Mulholland Drive, de David Lynch con pinceladas de Boogie Nights e Inherent Vice (ambas de Paul Thomas Anderson) diseminando elementos autorreferenciales (la silueta que persigue a Sam de vuelta a su apartamento antes del incidente con la mofeta) a lo largo del metraje. Impregnada de un rancio olor a fracaso y pretenciosidad, la película acaba por marear ante tanto callejón sin salida narrativo. Y todo, para volver a la premisa inicial 140 minutos después. A esa imperiosa necesidad de todo joven inconformista de acabar con sus ídolos (dog/God) y descifrar los mensajes ininteligibles (el loro de la vecina) que encierra el arte en cuya obsesiva búsqueda (Sarah) nuestro protagonista acaba abocado al fracaso. Aunque en este caso sea (para cerrar el círculo) el propio artista quien se empeñe en boicotear su obra.

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